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Los Años Dorados

Con Patricia Pupkin

21:00 a 21:30 hrs.

Descentralización: Necesaria para el desarrollo

alcalde
20 marzo, 2017

Por Juan Pablo Barros B., Alcalde de Curacaví.

Creo no he conocido a nadie que de manera concreta, virulenta y enérgica, esté en contra de la descentralización; hablo de parlamentarios, alcaldes, concejales, ministros y subsecretarios, personeros de gobierno, y también vecinos de a pie y parroquianos frecuentes. No obstante, el mayor problema es que en los mismos casos, cuesta encontrar en estos grupos, alguien que reconozca lo que significa para nuestro país avanzar en esta materia.

Cierto es, que si uno hace un análisis y mira las encuestas, la descentralización no aparece como un problema que atormente hoy por hoy a la población, de hecho está muy por debajo de materias como delincuencia, salud o educación. Lo que desconocen mayoritariamente los encuestados, es que podríamos hacer mucho más, y mejor, si contáramos con decisiones descentralizadas, en particular en las regiones y en las municipalidades.

Muchos de los problemas más relevantes para la ciudadanía tienen un importante componente local, y los vecinos exigen soluciones a los representantes de las instituciones públicas que ven más cercanos. No por nada según la última encuesta CEP las municipalidades están en el séptimo lugar de valoración ciudadana, y en cuanto a instituciones públicas sólo detrás de las Fuerzas Armadas y de Orden. También, según la Encuesta Nacional de Percepciones Ciudadanas sobre Municipios de 2016, del Centro de Políticas Públicas UC, 6 de cada 10 personas tuvo alguna forma de contacto con su municipio durante ese año. Lo anterior muestra que las municipalidades son la puerta de entrada a muchos programas tanto estatales como locales.

Sin embargo dicha cercanía y reconocimiento no se encuentra reflejado en el entramado institucional y en la distribución de competencias y recursos. La proporción de gasto local en relación al total del gasto público es bajo, las competencias para tomar decisiones son muy acotadas, relegando a las municipalidades a tener un rol preponderantemente administrador más que de gobierno comunal, y con una fuerte dependencia tanto normativa como presupuestaria del gobierno central. Buena parte de los recursos que reciben las municipalidades dependen del gobierno regional o central, y además la mayoría de los recursos que provienen de esa fuentes de financiamiento vienen destinados a un fin específico, por lo que finalmente la decisión sobre el destino de ellos no es una decisión municipal.

A nivel regional la situación es bastante similar. Difícilmente los seremis toman decisiones estratégicas, menos los gobernadores, y tantos éstos como los intendentes tienen una fuerte dependencia del gobierno nacional, dependiendo además casi la totalidad de sus recursos del presupuesto de la Nación.

Como señalamos anteriormente, el problema es que en momentos de crisis, como lo que ha pasado recientemente con los incendios, todo el mundo mira hacia la municipalidad. Con razón los vecinos giran sus cabezas hacia nosotros por que saben que seremos los primeros en llegar y los últimos en irnos, y también por que aunque no tengamos dinero, de algún lado lo vamos a conseguir para ir en su ayuda. Esto sin esperar firmas, llamados de teléfonos, buena voluntad ni nada parecido. Imagínense cuanto más podríamos hacer, si es que existiera una administración más descentralizada, con mayores recursos, y sobre todo con la incumbencia necesaria para actuar sin esperar a una burocracia que a veces puede estar a miles de kilómetros de distancia. De esta manera vamos a acercar la toma de decisiones, a quienes al final afectan.

Ejemplos de este tipo sobran, y en el caso de mi comuna, tuvimos que esperar que un representante de CONAF, quienes se encontraban a una distancia considerable combatiendo otro incendio forestal, llegara a la comuna para que recién la ONEMI pudiera decretar una alerta roja. A esas alturas ya habían dos casas consumidas por el fuego.

O recientemente la situación que publicaron distintos medios, debido a que Contraloría sancionara a algunos municipios por tapar hoyos en las calles sin esperar la autorización del SERVIU, lo que puede demorar meses ante la falta de personal, como ha sido reconocido incluso por dicha institución. Ejemplos como los antes señalados demuestran las ineficiencias que generan un centralismo tan fuerte como el chileno, retrasando o dificultando la respuesta a las necesidades de nuestros vecinos, que en ocasiones requieren una mayor velocidad o que podrían ser solucionadas de forma mucho más simple.

Sin embargo, a todas estas situaciones creo que subyace un elemento común, que es la desconfianza de las autoridades nacionales a la capacidad de los municipios y otros órganos de carácter subnacional. Hay países que se han construido con una mirada totalmente distinta, entregando a los órganos de carácter regional aquellas materias que no pueden resolver los gobiernos locales, y a los gobiernos nacionales los temas que aquéllas no pueden resolver. Si bien en Chile estamos muy lejos de esa mirada, puede ser una buena práctica mirar estas experiencias, entregando a los municipios las competencias, y los recursos para dar un correcto cumplimiento, en las materias en las cuales éstos se encuentran en una mejor posición para solucionarlos.

El gobierno central puede tener una legítima confianza en que cuentan con equipos capacitados para definir programas y ejecutar gasto de la mejor manera, sin embargo la experiencia ha mostrado que eso no necesariamente ocurre y que es difícil que una autoridad en la capital pueda saber qué impactos puede tener una decisión frente a las distintas realidades del territorio nacional. Al ver el lento avance del proyecto de ley de transferencia de competencias a los gobiernos regionales, podemos entender la preocupación del legislador, ya que en vez de influir en una o pocas autoridades nacionales para una determinada toma de decisión, esta dispersión del poder estatal en más instituciones va a dificultar esa labor, pero esa misma dispersión da más espacios de libertad y evita la concentración del poder, generando mayores contrapesos y dificultando la captura de las instituciones.

Creo que las municipalidades cuentan con la legitimidad democrática, por la forma de elección de sus autoridades, social como demuestran las encuestas, y técnica como ha quedado demostrado en distintas situaciones que nos toca enfrentar. Sólo necesitamos que las autoridades nacionales nos crean y confíen en las municipalidades, para alcanzar un desarrollo territorialmente inclusivo.

 

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Comentarios

Una respuesta a “Descentralización: Necesaria para el desarrollo”

  1. juan carlos aguilera dice:

    felicitaciones a Juan Pablo Barros, Alcalde de Curacaví; muy interesante la columna.
    Es de esperar que la descentralización pronto sea una realidad como palanca del desarrollo.

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Descentralización: Necesaria para el desarrollo

Por Juan Pablo Barros B., Alcalde de Curacaví.

Creo no he conocido a nadie que de manera concreta, virulenta y enérgica, esté en contra de la descentralización; hablo de parlamentarios, alcaldes, concejales, ministros y subsecretarios, personeros de gobierno, y también vecinos de a pie y parroquianos frecuentes. No obstante, el mayor problema es que en los mismos casos, cuesta encontrar en estos grupos, alguien que reconozca lo que significa para nuestro país avanzar en esta materia.

Cierto es, que si uno hace un análisis y mira las encuestas, la descentralización no aparece como un problema que atormente hoy por hoy a la población, de hecho está muy por debajo de materias como delincuencia, salud o educación. Lo que desconocen mayoritariamente los encuestados, es que podríamos hacer mucho más, y mejor, si contáramos con decisiones descentralizadas, en particular en las regiones y en las municipalidades.

Muchos de los problemas más relevantes para la ciudadanía tienen un importante componente local, y los vecinos exigen soluciones a los representantes de las instituciones públicas que ven más cercanos. No por nada según la última encuesta CEP las municipalidades están en el séptimo lugar de valoración ciudadana, y en cuanto a instituciones públicas sólo detrás de las Fuerzas Armadas y de Orden. También, según la Encuesta Nacional de Percepciones Ciudadanas sobre Municipios de 2016, del Centro de Políticas Públicas UC, 6 de cada 10 personas tuvo alguna forma de contacto con su municipio durante ese año. Lo anterior muestra que las municipalidades son la puerta de entrada a muchos programas tanto estatales como locales.

Sin embargo dicha cercanía y reconocimiento no se encuentra reflejado en el entramado institucional y en la distribución de competencias y recursos. La proporción de gasto local en relación al total del gasto público es bajo, las competencias para tomar decisiones son muy acotadas, relegando a las municipalidades a tener un rol preponderantemente administrador más que de gobierno comunal, y con una fuerte dependencia tanto normativa como presupuestaria del gobierno central. Buena parte de los recursos que reciben las municipalidades dependen del gobierno regional o central, y además la mayoría de los recursos que provienen de esa fuentes de financiamiento vienen destinados a un fin específico, por lo que finalmente la decisión sobre el destino de ellos no es una decisión municipal.

A nivel regional la situación es bastante similar. Difícilmente los seremis toman decisiones estratégicas, menos los gobernadores, y tantos éstos como los intendentes tienen una fuerte dependencia del gobierno nacional, dependiendo además casi la totalidad de sus recursos del presupuesto de la Nación.

Como señalamos anteriormente, el problema es que en momentos de crisis, como lo que ha pasado recientemente con los incendios, todo el mundo mira hacia la municipalidad. Con razón los vecinos giran sus cabezas hacia nosotros por que saben que seremos los primeros en llegar y los últimos en irnos, y también por que aunque no tengamos dinero, de algún lado lo vamos a conseguir para ir en su ayuda. Esto sin esperar firmas, llamados de teléfonos, buena voluntad ni nada parecido. Imagínense cuanto más podríamos hacer, si es que existiera una administración más descentralizada, con mayores recursos, y sobre todo con la incumbencia necesaria para actuar sin esperar a una burocracia que a veces puede estar a miles de kilómetros de distancia. De esta manera vamos a acercar la toma de decisiones, a quienes al final afectan.

Ejemplos de este tipo sobran, y en el caso de mi comuna, tuvimos que esperar que un representante de CONAF, quienes se encontraban a una distancia considerable combatiendo otro incendio forestal, llegara a la comuna para que recién la ONEMI pudiera decretar una alerta roja. A esas alturas ya habían dos casas consumidas por el fuego.

O recientemente la situación que publicaron distintos medios, debido a que Contraloría sancionara a algunos municipios por tapar hoyos en las calles sin esperar la autorización del SERVIU, lo que puede demorar meses ante la falta de personal, como ha sido reconocido incluso por dicha institución. Ejemplos como los antes señalados demuestran las ineficiencias que generan un centralismo tan fuerte como el chileno, retrasando o dificultando la respuesta a las necesidades de nuestros vecinos, que en ocasiones requieren una mayor velocidad o que podrían ser solucionadas de forma mucho más simple.

Sin embargo, a todas estas situaciones creo que subyace un elemento común, que es la desconfianza de las autoridades nacionales a la capacidad de los municipios y otros órganos de carácter subnacional. Hay países que se han construido con una mirada totalmente distinta, entregando a los órganos de carácter regional aquellas materias que no pueden resolver los gobiernos locales, y a los gobiernos nacionales los temas que aquéllas no pueden resolver. Si bien en Chile estamos muy lejos de esa mirada, puede ser una buena práctica mirar estas experiencias, entregando a los municipios las competencias, y los recursos para dar un correcto cumplimiento, en las materias en las cuales éstos se encuentran en una mejor posición para solucionarlos.

El gobierno central puede tener una legítima confianza en que cuentan con equipos capacitados para definir programas y ejecutar gasto de la mejor manera, sin embargo la experiencia ha mostrado que eso no necesariamente ocurre y que es difícil que una autoridad en la capital pueda saber qué impactos puede tener una decisión frente a las distintas realidades del territorio nacional. Al ver el lento avance del proyecto de ley de transferencia de competencias a los gobiernos regionales, podemos entender la preocupación del legislador, ya que en vez de influir en una o pocas autoridades nacionales para una determinada toma de decisión, esta dispersión del poder estatal en más instituciones va a dificultar esa labor, pero esa misma dispersión da más espacios de libertad y evita la concentración del poder, generando mayores contrapesos y dificultando la captura de las instituciones.

Creo que las municipalidades cuentan con la legitimidad democrática, por la forma de elección de sus autoridades, social como demuestran las encuestas, y técnica como ha quedado demostrado en distintas situaciones que nos toca enfrentar. Sólo necesitamos que las autoridades nacionales nos crean y confíen en las municipalidades, para alcanzar un desarrollo territorialmente inclusivo.

 

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