Agencia Uno

En una sociedad libre es indispensable que la credibilidad de los políticos se edifique en base a la verdad. De lo contrario, si un político es capaz de mentir sin consecuencia alguna, tendrá en su poder una capacidad de manipulación extraordinaria donde los únicos afectados seremos los ciudadanos y nuestras libertades. Václav Havel decía que el poder «es prisionero de sus propias mentiras y, por tanto, tiene que estar diciendo continuamente falsedades». Si estas mentiras son aceptadas sin rechistar por la ciudadanía, adivine quién se vuelve prisionero de quién.

Por esta razón, es de suma gravedad que el único senador que tiene el Frente Amplio, Juan Ignacio Latorre, quien es a su vez es presidente de Revolución Democrática, sea incapaz de mantener un relato coherente relativo al caso Democracia Viva en poco más de dos semanas.

No olvidemos que la primera reacción del senador Latorre fue la de liberar de culpas a la diputada Catalina Pérez, aun cuando ya se sabía la estrecha relación que tenía la diputada con los involucrados en el caso Democracia Viva.

Un día después, el presidente de Revolución Democrática duplicó su apuesta y dijo que la subsecretaria (militante de su partido) había advertido al ministro Montes del polémico convenio con Democracia Viva. Horas más tarde tuvo retractarse de sus dichos. Dos días después, el presidente Boric pidió la renuncia de la subsecretaria.

Latorre volvió a cambiar de postura cuando se querelló a nombre de su partido y luego dejó de defender a la diputada Pérez cuando afirmó que era muy poco probable que ella no supiera del turbio manejo de platas públicas de la Fundación Democracia Viva, puesto que los involucrados formaban parte de su círculo cercano, cosa que todos sabíamos desde el minuto uno de la polémica.

Ahora, nos enteramos por la prensa de que Juan Ignacio Latorre había sido alertado diez días antes de que estallara el caso Democracia Viva, noticia que luego se vio obligado a asumir, lo que hace que sus cambios de postura sean todavía más incomprensibles. ¿Por qué no transparentó esta situación antes? ¿Tenía asidero su primera acusación al ministro Montes? Y, si es así, ¿por qué se retractó después? ¿Por qué se querelló casi veinte días después de conocer los primeros indicios de corrupción?

En casos de corrupción la información es de suma importancia. Podemos encontrar situaciones donde quien ignora los ilícitos tenga que cargar con una cuota de responsabilidad al transgredir un deber de vigilancia. En el caso de conocer las irregularidades, dicha persona tiene el deber de denunciar, de lo contrario, se transforma en un encubridor de los ilícitos. Será deber de la Fiscalía el demostrar quién fue negligente, quién fue cómplice y quién es inocente en el Caso Comisiones. Pero una cosa tenemos muy clara: son pocos los pueden alegar ignorancia y librarse a su vez de toda culpa.

El compromiso con la probidad debe estar por sobre los intereses partidistas Las volteretas de Latorre ya no solo demuestran el poco talento político que denunció la diputada Catalina Pérez en su puesta en escena victimista, sino que también un nivel de hipocresía que no merece ni la más mínima credibilidad de una ciudadanía que aspire a ser libre.

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