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Incendios, heladas y humo: cómo el cambio climático amenaza a la industria mundial del vino

Veronica Diaz
Incendios, heladas y humo: cómo el cambio climático amenaza a la industria mundial del vino Crédito: Viña
El calor adicional y las heladas primaverales han obligado a todos los productores de vinos finos a adaptar sus técnicas de cultivo.

Todavía no está claro cómo afectará esto a la calidad y suministro.

Todos los enólogos comprenden los riesgos que el calentamiento global representa a sus cultivos y vinos. Pero algunos antiguos inversionistas en vinos finos siguen optimistas, lo que plantea la pregunta de si también ellos entienden los peligros. Quizás deberían revisar su stock de vinos con más atención. Los vinos más prestigiosos de California, Francia e Italia ya tienen considerable ‘valor de escasez’, a cientos o incluso miles de libras la botella.

Estos precios están aumentando, pero nadie puede saber con certeza cuánto se debe al cambio climático y cuánto es una función de la demanda que excede la oferta. Aun así, aquellos con menos experiencia en el mundo de las inversiones en vinos finos han comenzado a preguntarse qué significa todo esto.

En la firma de comercio de vinos Bordeaux Index, el director de inversiones Matthew O’Connell tiene que responder cada vez más a preguntas sobre el cambio climático de coleccionistas adinerados, aunque principalmente de los menos experimentados.

Su equipo pronostica que la escasez de suministro no se hará evidente hasta dentro de al menos otra década. Además, muchos de sus clientes solo están familiarizados con las cosechas más recientes y es poco probable que hayan notado cambios a lo largo del tiempo.

‘El desempeño superior en el mercado de cosechas jóvenes frente a cosechas más antiguas en Burdeos respalda esto’, dice O’Connell.

Medidas de manejo

La sequía y las lluvias intensas son riesgos laborales habituales para la mayoría de los enólogos.

Sin embargo, el año pasado Napa Valley sufrió una calamidad que amenazó a la comunidad vinícola de la región. No solo los incendios forestales que destruyeron edificios, sino algo aún peor: el humo resultante.

Los enólogos de la región del norte de California, conocida por sus vinos tintos de gran valor, se enfrentaron a la ruina. Si bien el calor directo era una amenaza, la mayor preocupación era la contaminación por partículas de humo.

Estas pueden flotar en el aire mucho después de que haya pasado un incendio. Peor aún, el humo puede resultar en una variedad de sabores extraños causados por los residuos atmosféricos.

Las opiniones sobre qué hacer con los vinos contaminados eran variadas, dice Alder Yarrow, escritor del blog de vinos Vinography. Aquellos que elaboran los vinos más caros tuvieron que tomar algunas decisiones difíciles. Después de las pruebas, Colgin Cellars, cuyos vinos se venden desde aproximadamente 300 libras la botella, se dio cuenta de que su cosecha 2020 no sería adecuada para sus clientes exigentes y, por lo tanto, decidió no lanzarla. Roberts prefería arriesgar las finanzas que la reputación.

El cambio climático ha obligado a todos los productores de vinos finos a adaptarse. Las técnicas de cultivo han cambiado para lidiar con el calor adicional y las heladas primaverales inoportunas. El manejo de las parras produce más sombra de hojas para proteger las uvas. Una poda más cuidadosa ayuda a conseguir las mejores vendimias.

Pero, al mismo tiempo, los métodos agrícolas orgánicos y biodinámicos introducidos en todo el mundo en las últimas décadas no resuelven bien problemas como el moho. En ese sentido, los métodos son más costosos, lo que significa que los productores menos fuertes financieramente podrían tener dificultades a medida que los patrones climáticos se vuelven más variables.

Los incendios forestales son solo una manifestación del calentamiento global. Los veranos más cálidos y las temporadas de cultivo más largas pueden obligar a los viñedos a recoger sus uvas temprano, lo que se conoce como cosecha verde. Los fenómenos meteorológicos inusuales, como las heladas en primavera o las granizadas en verano, mantienen a los vignerons alerta en Francia. Las condiciones de sequía crónica obligan a los productores de vinos finos italianos a crear nuevos clones de variedades de uva, así como a gestionar sus vides, para hacer frente a la disminución de las precipitaciones cada año.

En Antinori, un productor de ‘súper toscanos’ como Tignanello y Solaia, la batalla contra el cambio climático continúa. Como en gran parte de Italia, el calor y la sequía dificultan el trabajo, dice el director ejecutivo Renzo Cotarella. El manejo del dosel de las parras ha ayudado a proteger las uvas Sangiovese, Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc utilizadas en ambos vinos; las dos últimas responden bien al calor. ‘Por supuesto, hace 20 o 30 años era mucho más fácil’, dice Cotarella.

Los fabricantes de champán también se enfrentan a un desafío. ‘En Bollinger, el rendimiento ha caído entre 10% y 15% la última década’, dice Etienne Bizot, presidente y director ejecutivo de su holding SJB. A diferencia de algunos de sus pares, como Taittinger y Pommery, que han comprado acres en los últimos años en Inglaterra y otros lugares, Bollinger se había aferrado a sus raíces francesas. Pero, en abril, SJB compró Ponzi Vineyards de Oregon, uno de los primeros en cultivar Pinot Noir y Chardonnay en Willamette Valley.

Los productores de primer nivel se benefician del cultivo de uvas de alta calidad en suelos bien situados.

Pero el terruño no supera la credibilidad de los compradores adinerados, que esperan que los precios altos reflejen una calidad constante.

Fuente: DF
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