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La investigación que ayudará a los productores chilenos de cereza a controlar los momentos de floración

Doris Mora
La investigación que ayudará a los productores chilenos de cereza a controlar los momentos de floración Crédito: Cerezas Packing

El cambio climático no solo afecta a la industria agrícola en términos de falta de la disposición de agua para riego, sino que también por las altas temperaturas, que tienen un impacto en las plantas, un problema que afecta a los cerezos en su productividad.

En El Agro conversamos sobre un proyecto que está llevando a cabo la Universidad Mayor y que consiste en el estudio de la floración del cerezo, enfocándose en sus modificaciones epigenéticas, junto a Andrea Miyasaka, doctora en Biología Molecular e investigadora del Centro de Genómica y Bioinformática de esa universidad.

La doctora Miyasaka explica que “las altas temperaturas impiden a las plantas de almacenar reservas para pasar el invierno, activa tempranamente el desarrollo de yemas, acelera el crecimiento de la planta de una forma que no es necesaria, entonces la planta gasta más energía de lo que debería y eso afecta la temporada siguiente”.

Y agrega que, si bien las plantas tienen una alta capacidad de adaptarse a los cambios del clima, “esa adaptación va a dañar el desarrollo normal de la planta. La adaptación es para poder sobrevivir y lograr reproducirse, pero va a afectar su desarrollo”.

Modificaciones epigenéticas y el proyecto

Miyasaka explicó las razones para estudiar las modificaciones epigenéticas relacionadas con la floración en cerezo: “Cuando las cerezas acumulan frío para poder florecerer en invierno, ocurren estas modificaciones epigenéticas. El frio estimula estimula esas modificaciones en genes que están relacionados con floración”.

Y agregó que “hay unas moléculas de ARN pequeños, actores muy importantes, que solo están presentes cuando hay frío, entonces queremos identificar la naturaleza de estas moléculas, que aparecen en respuesta al frío, que va a inducir a estas modificaciones y que van a posibilitar la floración en primavera. Una vez identificadas, queremos producirlas de forma artificial, y esas moléculas van a ser incorporadas en nanopartículas y la idea es rociar esas moléculas en campo, en condición en un año en que un invierno fue muy cálido”.

Para Miyasaka, es muy importante el aporte que puedan realizar para beneficio de los agricultores y productores de cereza. “Queremos desarrollar esta herramienta biotecnología para poder ayudar a los productos a poder controlar esos momentos de floración, no solo ante respuesta a accidentes climáticos, sino también porque para muchos agricultores es ventajoso tener una floración temprana, pora poder tener una cosecha temprana”, señaló.

“Más del 90% de la cereza de Chile viaja a China, entonces teniendo una manera de controlar la floración pueden controlar el tiempo de cosecha, y así poder calzar la colección de fruta con la demanda en China y otros mercados potenciales”.

Trabajo conjunto

El proyecto, liderado por la Dra. Andrea Miyasaka, se realizará junto a investigadores del Laboratorio de Biotecnología del Instituto de Investigaciones Agropecuarias INIA La Platina, quienes trabajarán en este desafío gracias a la adjudicación de un fondo perteneciente el concurso Regular de Anillos de Investigación en Ciencia y Tecnología de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo.

Se calcula que dentro de los próximos cinco años se podrá tener las primeras aplicaciones en formato de nanotecnología, haciendo que estas moléculas lleguen a la superficie de la planta, para transmitir los mensajes requeridos en inviernos normales hacia el interior y así, analizar si es posible lograr una adaptación a los cambios que se están produciendo en el medio ambiente con la ayuda de la ciencia y la tecnología.

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