Cell2Fire es una herramienta que, mediante simulaciones, analiza aspectos como la topografía, clima y vegetación de un lugar para estimar el riesgo de ignición y propagación del fuego, con el fin de desplegar medidas que impidan su extensión. El sistema ya está siendo probado en Valparaíso y Concepción, así como en los bosques de Cataluña. 
Impredecibles y cada vez más difíciles de controlar, los incendios son una amenaza muy presente a lo largo del país. Solo en lo que va de la temporada 2021-2022, los informes de la Corporación Nacional Forestal (Conaf) registran más de 2.200 de estos eventos, sobre todo en la zona centro-sur del país, 13% más que en el último quinquenio. Esto implica que el fuego ya ha consumido cinco veces más territorio (30.327 hectáreas) que el año anterior (6.031 hectáreas).

Buscar formas de hacer frente a esta realidad y, en lo posible, ayudar a reducir su impacto en la naturaleza y en la población es el objetivo de Cell2Fire, un sistema desarrollado por investigadores del Instituto Sistemas Complejos de Ingeniería (ISCI), de la Universidad de Chile.

Se trata de un simulador que, mediante el uso de modelos matemáticos, machine learning e inteligencia artificial, busca identificar y predecir potenciales lugares donde puede iniciarse un incendio y, a partir de ello, implementar medidas o mecanismos que ayuden a prevenir o minimizar su propagación.

‘Este es un proyecto que comenzó hace diez años y que busca ir más allá de lo que permiten actuales herramientas que pueden simular hacia dónde se dirigirá el fuego una vez que comenzó el incendio. Nuestro objetivo es anticiparse a eso y ofrecer información sobre cómo intervenir con cortafuegos praderas, bosques o pastizales para evitar la propagación del fuego en caso de que se inicie un incendio’, explica Andrés Weintraub, Premio Nacional de Ciencias Aplicadas 2000 e investigador del ISCI, a cargo del proyecto, en el cual también participan expertos de EE.UU., Canadá y España.

Para establecer las probabilidades de ignición, se analizaron cientos de incendios ocurridos en los últimos años. Esa información, precisa Weintraub, se combina con datos de la cubierta de un lugar, como su topografía, vegetación y clima (temperatura y humedad), para hacer pronósticos del riesgo de ocurrencia de incendios, con un 80% a 90% de probabilidad.

‘Se consideran especies que hay en el lugar y alrededor; se identifican aquellas más ignífugas, su cantidad y con eso se establece a qué velocidad el fuego puede pasar de un lado a otro. Hay especies que son más lentas o que favorecen este proceso’, cuenta Weintraub, quien además es académico del Departamento de Ingeniería Industrial de la U. de Chile.

Avance de las llamas

Con esta información, la idea es optimizar la toma de decisiones en la gestión del paisaje, por ejemplo, a nivel de implementar cortafuegos o raleos. Aunque no forma parte del proyecto, otra alternativa también supone el considerar a futuro el uso de especies más resistentes y resilientes a incendios forestales. Asimismo, el sistema puede usarse en zonas urbanas o en otras áreas susceptibles al fuego.

‘Queremos que la gestión sea eficiente, en el sentido que los incendios que se produzcan en el futuro cercano, intercepten estas acciones, y de esta forma, disminuyan los daños que puedan provocar a los ecosistemas y a nuestras comunidades humanas’, explica Jaime Carrasco, investigador del ISCI e integrante del equipo que desarrolla Cell2Fire.

Gracias a un proyecto Fondef, comenzaron la implementación del sistema en las regiones de Valparaíso y Biobío, que se han visto afectadas en los últimos años por diferentes incendios de gran magnitud. En una primera etapa, aplicaron el modelo de ignición. ‘Cada zona se divide en unidades de 30×30 m, y se va estableciendo la probabilidad de que un incendio parta ahí’, explica Weintraub. La siguiente etapa será establecer simulaciones sobre por dónde podría dirigirse el fuego una vez iniciado.

Para este trabajo también han usando imágenes satelitales. ‘Nuestro objetivo de largo plazo es proteger nuestros ecosistemas y nuestras poblaciones humanas, objetivo que ha tomado mayor urgencia debido al cambio climático’, complementa Carrasco.

Considerando la enorme biodiversidad de flora y fauna que existe a lo largo del territorio, herramientas como Cell2Fire pueden ofrecerles protección frente a incendios forestales. ‘Llevamos un tiempo desarrollando algoritmos para determinar la distribución potencial de las especies faunísticas de nuestro país, así podremos evaluar e incluir estos valores ecológicos en nuestros modelos matemáticos y tomar mejores decisiones’, agrega.

El sistema también está siendo probado en bosques catalanes, en conjunto con el Centro Tecnológico Forestal de Cataluña, en España, entidad con la que llevan trabajando durante años en diferentes proyectos de investigación forestal.

Para el desarrollo de Cell2Fire también colaboran especialistas de las universidades de Toronto, de California Davis y de California Berkeley, todos con amplia experiencia en este tipo de estudios.

Como un reconocimiento a esta innovadora herramienta, el equipo del profesor Weintraub ganó un proyecto en conjunto con el Centro Tecnológico Forestal de Catalunña, y otras 30 instituciones de Europa, llamado FIRE-RES y financiado por la Unión Europea. La iniciativa, que comenzó en diciembre pasado y que se extenderá por cuatro años, apunta a traspasar esta tecnología y su desarrollo a sistemas que puedan simular incendios en el Viejo Continente, bajo diferentes escenarios meteorológicos.

Fuente: El Mercurio