23082019 - 13:28 Mario Vargas Llosa y García: “¿Fue un político honesto? Sinceramente creo que no”
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Mario Vargas Llosa y García: “¿Fue un político honesto? Sinceramente creo que no”

Por Prensa Radio Agricultura |
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Crédito: FOTO:FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO

El Premio Nobel de Literatura y ex-candidato a la presidencia del Perú, el escritor Mario Vargas Llosa en su columna de opinión semanal en el diario El País cuestionó la trayectoria y legado de Alan García.

La muerte del ex presidente de Perú, quien se suicidó para evitar ser detenido acusado de actos de corrupción, sigue generando reacciones y esta vez Vargas Llosa le dedicó sus palabras, de manera bastante crítica, para analizar el pasado y figura del fallecido líder político.

“Lo conocí durante la campaña electoral de 1985, por Manuel Checa Solari, un amigo común que se había empeñado en presentarnos (…) Era inteligente y simpático, pero algo en él me alarmó y al día siguiente fui a la televisión a decir que no votaría por él, sino por Luis Bedoya Reyes. No era rencoroso pues, elegido presidente, me ofreció la embajada en España, que no acepté” inicia su texto el Nobel.

El galardonado escrito peruano y ex candidato presidencial en 1990 -perdió frente a Alberto Fujimori-, afirma en la columna publicada este domingo además en diversos medios del mundo que siempre sospechó del fin último de las actividades de García.

Vargas Llosa apunta que el primer Gobierno de García, entre 1985 y 1990, “fue un desastre económico y la inflación llegó a siete mil por ciento”; su segunda vez en la Casa de Pizarro, entre 2006 y 2011, en tanto, “fue mucho mejor que el primero, aunque, por desgracia, estropeado por la corrupción, sobre todo asociada a la empresa brasileña de Odebrecht que ganó licitaciones de obras públicas muy importantes corrompiendo a altos funcionarios gubernamentales”.

Pese a ello, reconoce que ha seguido “de muy cerca toda su trayectoria política y el protagonismo que ha tenido en los últimos 30 años de la vida pública del Perú”, con lo que pudo ver que Alan García “era más inteligente que el promedio de quienes en mi país se dedican a hacer política, con bastantes lecturas, y un orador fuera de lo común”.

Sin embargo, llega a una crítica conclusión: “¿Fue un político honesto, comparable a un José Luis Bustamante y Rivero o a Fernando Belaúnde Terry, dos Presidentes que salieron de Palacio de Gobierno más pobres de lo que entraron? Yo creo sinceramente que no”.

“Lo digo con tristeza porque, pese a que fuimos adversarios, no hay duda que había en él rasgos excepcionales como su carisma y energía a prueba de fuego”, manifestó.

“Pero mucho me temo -afirma Vargas Llosa- que participaba de esa falta de escrúpulos, de esa tolerancia con los abusos y excesos tan extendidos entre los dirigentes políticos de América Latina que llegan al poder y se sienten autorizados a disponer de los bienes públicos como si fueran suyos, o, lo que es mucho peor, a hacer negocios privados aunque con ello violenten las leyes y traicionen la confianza depositada en ellos por los electores”.

Vargas Llosa reflexiona que “el pistoletazo con el que Alan García se voló los sesos pudiera querer decir que se sentía injustamente asediado por la justicia, pero, también, que quería que aquel estruendo y la sangre derramada corrigieran un pasado que lo atormentaba y que volvía para tomarle cuentas”.

Complementa que “los indicios, por lo demás, son sumamente inquietantes: las cuentas abiertas en Andorra por sus colaboradores más cercanos, los millones de dólares entregados por Odebrecht al que fue Secretario General de la Presidencia, ahora detenido, y a otro allegado muy próximo, sus propios niveles de vida tan por encima de quien declaró, al prestar juramento sobre sus bienes al acceder a la primera Presidencia: “Mi patrimonio es este reloj”.

Tras ello, vuelve a la situación del mundo político de su país: “¿No es verdaderamente escandaloso, una vergüenza sin excusas, que los últimos cinco Presidentes del Perú estén investigados por supuestos robos, coimas y negociados, cometidos durante el ejercicio de su mandato?”.

“Esta tradición viene de lejos y es uno de los mayores obstáculos para que la democracia funcione en América Latina y los latinoamericanos crean que las instituciones están allí para servirlos y no para que los altos funcionarios se llenen los bolsillos saqueándolas”, sentenció.

Agencia UNO


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