Tras la eliminación matemática de Chile rumbo al Mundial 2026, una noticia desde Bolivia encendió brevemente la ilusión entre los hinchas nacionales: dos jugadores altiplánicos habrían dado positivo en controles antidopaje durante las Eliminatorias.
Los medios internacionales Meca TV y Antena 2 informaron que Boris Céspedes y Ramiro Vaca utilizaron acetazolamida, medicamento prohibido, en partidos clave como la victoria de Bolivia ante Chile por 2-0, encuentro determinante para la suerte de La Roja.
Rápidamente, surgieron especulaciones sobre una posible resta de puntos que beneficiara a la selección chilena, dándole un respiro en la tabla. Pero la realidad es otra: según las normas antidopaje de la FIFA, las sanciones afectan solo a los deportistas involucrados y no alteran los resultados, a menos que se trate de un dopaje masivo, lo que no aplica en este caso.
Aunque el propio Céspedes y el técnico boliviano reconocieron el uso de la sustancia, las consecuencias serían personales para los jugadores, quienes podrían recibir castigos de 2 a 4 años tras confirmarse las contra muestras, proceso que podría extenderse por varios meses.
A diferencia de situaciones anteriores, como los casos de Nelson Cabrera o Byron Castillo, que derivaron en quitas de puntos por problemas administrativos, el dopaje solo afecta a los implicados directamente.
Así, pese a la polémica, Chile no tiene opciones de revertir su eliminación y su futuro en el camino al Mundial sigue sin cambios.