La leyenda del fútbol argentino Carlos Bilardo, entrenador campeón del mundo con la Albiceleste en 1986, atraviesa un complejo momento de salud a sus 87 años. Diagnosticado hace años con el síndrome de Hakim-Adams, enfermedad neurodegenerativa sin cura, el ex técnico vive en medio de la confusión y la pérdida progresiva de memoria. Su entorno más íntimo, sin embargo, se mantiene firme a su lado, encabezado por quien fue su ayudante de campo y amigo incondicional: Miguel Ángel Lemme.
En conversación con Radio Villa Trinidad, Lemme entregó un testimonio lleno de dolor y cariño. “No me reconoce. No reconoce a nadie. A veces confunde a la mujer con la hija y la hija con la mujer”, relató. Pese a eso, insiste en seguir visitándolo: “Lo quiero tanto que quiero estar al lado de él. No le suelto la mano ni loco. Él no me la soltó a mí y yo ahora no se la suelto a él”.
“A veces me vuelvo llorando. Me hace mal, pero voy igual”
Lemme confiesa que ya no va todos los días como antes, porque la situación lo afecta emocionalmente. “Voy dos o tres veces por semana porque me hace mal. Sinceramente, me hace mal. Tomo un café, le hablo. Por ahí nada, pero bueno”, dijo. En cada encuentro intenta despertar algún recuerdo: “Siempre que llego le canto ‘Es el equipo del Narigón’, lo abrazo, lo beso. ¿En qué anda Carlos?”, agrega.
El vínculo entre ambos va más allá del fútbol. Es una relación de lealtad que resiste incluso al olvido. “A veces me vuelvo llorando. Camino 21 cuadras y muchas veces me vengo re mal”, cerró Lemme, en uno de los relatos más humanos sobre la dura realidad que enfrenta el técnico más querido por los argentinos.