En el capítulo de este domingo de “Mundos Opuestos”, Mario Ortega, más conocido como “Súper Mario”, regresó a la televisión con un sorprendente cambio físico y actitud renovada.
El ex ganador de “Amor Ciego 2” dejó atrás su imagen de “joven nerd” y se mostró como un hombre musculoso, decidido y lleno de energía.
“No soy más el queso… salvo que sea uno de piedra”
A sus 37 años, Mario confesó que este regreso al reality tiene un nuevo propósito: demostrar que ahora tiene hambre de triunfo y liderazgo.
“He madurado con el tiempo. Antes era muy ingenuo, pero ahora tengo una meta, una convicción y una motivación que antes no tenía”, comentó.
Desde la pandemia trabaja en el negocio familiar de restauración de motores, y mantiene una relación estable desde hace siete años. Esta vez, su objetivo es mostrar su lado más gracioso, excéntrico y ligero, alejándose de los conflictos que siempre intentó evitar.
“Puedo aliviar la carga de la convivencia y de los pleitos. Nunca me ha gustado pelear, pero ahora quiero tomar una posición más activa”, explicó.

Su transformación física fue motivada por su amigo Ignacio Lastra, quien lo incentivó a entrenar tras su accidente. “Me invitó a acompañarlo cuando retomó el acondicionamiento físico y me gustó. Estoy mejor que nunca físicamente”, aseguró Ortega.
Mario también dejó claro que no piensa volver a ser el “queso” de la competencia: “Ahora no voy a permitir que me llamen así, a menos que sea un queso de piedra”, sentenció.
Ambición de liderazgo y una melena como sello personal
Con años de experiencia en realities, Mario quiere convertirse en capitán del grupo, algo que jamás habría considerado en el pasado. “Soy un veterano del género. Creo saber en qué se equivocaron mis antiguos capitanes y quiero usar eso a mi favor”, indicó.
También recordó con orgullo su paso como gobernador en “Año 0”: “Fueron las dos semanas más pulentas, mi administración fue espectacular”.
No teme vivir nuevamente en el Pasado, aunque reconoció que tiene una preocupación inusual: su pelo, que no corta hace nueve años. “Me llega a las rodillas. Si no me lo peino todos los días, se me va a enredar y se me van a hacer dreadlocks, que no me gustan”, advirtió.