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Esteban Montaner en Espacio Libre: “¿Qué quedó al descubierto con el debate?”

Esteban Montaner en Espacio Libre: “¿Qué quedó al descubierto con el debate?”
Espacio Libre | Agricultura TV

Esta tarde se estrena en Agricultura TV un nuevo episodio de “Espacio Libre”, instancia donde expertos abordarán los temas más importantes de la contingencia a través de videocolumnas.

En este espacio, los destacados profesionales analizarán en profundidad distintos aspectos de la política y actualidad nacional e internacional, entregando perspectivas nuevas sobre los hitos que marcan el día a día.

Las columnas se estrenarán todos los lunes, miércoles y viernes a las 20:00 horas a través del canal de YouTube de Agricultura TV.

En esta edición del Espacio Libre, El investigador asociado del Instituto Res Publica, Esteban Montaner, entrega su visión crítica del primer debate presidencial.

Esteban Montaner en Espacio Libre: “¿Qué quedó al descubierto con el debate?”

Los debates televisivos siempre generan gran expectación. Desde aquel histórico cara a cara entre John F. Kennedy y Richard Nixon en 1960, entendimos que los debates podían cambiar no solo una elección, sino que también la manera en que la política se comunica con la ciudadanía. Desde entonces, la política entendió que el debate televisado es tanto fondo como forma, tanto ideas como performance.

Y es que los debates concentran la atención por varias razones. La primera, porque esperamos escuchar propuestas concretas. Queremos saber qué piensa cada candidato sobre los problemas más urgentes del país.

La segunda, porque nos interesa ver cómo defienden sus planteamientos y cómo refutan las ideas del adversario. Y la tercera, porque queremos verlos actuar bajo presión. Porque no basta con tener un buen programa de gobierno.

En el debate, el candidato se expone en vivo frente a millones de personas. Y en ese escenario, nadie quiere ver a un presidencial excesivamente nervioso, dubitativo, agresivo o desagradable. El debate televisivo es una prueba de carácter.

Muestra quién tiene templanza, quién transmite confianza, quién parece realmente preparado para el sillón presidencial. Pero más allá de todo eso, hay algo más profundo que se espera de un debate. Algo que lamentablemente estuvo ausente en este primer cara a cara.

La capacidad de presentar un horizonte de futuro. Y no hablo de grandes discursos cargados de utopía ni de promesas irrealizables que todos sabemos que terminan quedando en nada, como lo ha hecho permanentemente la izquierda. Me refiero a algo mucho más simple, pero decisivo.

Una hoja de ruta. Una idea de hacia dónde queremos llevar al país. Un camino que nos permita mirar más allá de las urgencias inmediatas.

Es cierto que existe en Chile hoy cierto consenso respecto de la catástrofe que enfrentamos. La crisis de seguridad, el estancamiento económico y la desconfianza de las instituciones. Y también es cierto que el próximo gobierno, cualquiera sea, tendrá un margen de acción limitado.

Pero eso no puede ser excusa para renunciar a la visión. Porque es lo que define un liderazgo verdadero. La capacidad de hablar con sinceridad en tiempos difíciles, pero al mismo tiempo sostener la convicción de que un futuro mejor es posible.

Nada de eso apareció en el debate. Lo que vimos fue otra cosa. Vimos candidatos más preocupados de no cometer errores que de arriesgar a ganar.

El resultado fue un debate plano, sin ambición, sin grandeza. Un debate que dejó la sensación de que nadie se atrevió a plantear un verdadero camino hacia adelante. El presente de nuestro país es sombrío y no cambiará por arte de magia ni por simple voluntad.

Se requiere trabajo, convicción y sobre todo una hoja de ruta. Un horizonte al cual mirar incluso en medio de las dificultades. Porque sin liderazgo no hay visión y sin visión no hay destino.

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