Este 4 de abril comienza el horario de invierno en Chile, lo que implica retrasar los relojes en una hora, un ajuste que puede parecer menor, pero que tiene efectos importantes en los más pequeños.
En particular, el impacto en el sueño infantil puede ser significativo, ya que el reloj biológico de los niños es más sensible a los cambios en los ciclos de luz y oscuridad.
Según explicó el especialista en sueño de Clínica INDISA, Roberto Arias, los efectos pueden ir más allá del descanso.
“En los niños, el sistema que regula el sueño aún está en desarrollo, por lo que cualquier modificación en los horarios puede generar alteraciones más evidentes que en los adultos”, señaló.
¿Por qué les afecta más?
A diferencia de los adultos, los niños dependen mucho más de rutinas estables y de la luz natural para regular sus ritmos circadianos.
Esto hace que un cambio brusco, como el ajuste de hora, genere una mayor desregulación, especialmente en los más pequeños.
“Los menores de 5 años son los más vulnerables”, explicó el especialista, agregando que su organismo responde principalmente a señales externas como la luz y los horarios.
Luego del cambio de hora, es importante estar atentos a ciertos signos que pueden indicar dificultades en la adaptación. Entre ellos destacan la somnolencia durante el día, la irritabilidad, la desconcentración, además de problemas para dormir como despertares nocturnos, pesadillas o sueño inquieto.
También pueden aparecer manifestaciones como el bruxismo o un aumento en la inquietud al dormir.
Cómo ayudarlos a adaptarse
Los expertos recomiendan realizar una transición progresiva en los días previos, ajustando la hora de dormir en intervalos de 10 a 15 minutos y manteniendo rutinas estables.
Durante la semana del cambio, es clave exponer a los niños a luz natural en la mañana, evitar pantallas antes de dormir y respetar horarios, incluso durante el fin de semana. Además, se sugiere cuidar que las siestas no sean excesivas para facilitar el descanso nocturno.
¿Cuánto demora la adaptación?
El tiempo de adaptación varía según la edad. Mientras los bebés pueden tardar hasta dos semanas, los preescolares suelen adaptarse en menos de una semana.
En el caso de los niños en edad escolar, el proceso puede tomar entre tres y cinco días, mientras que en adolescentes podría extenderse un poco más.
“El proceso no es inmediato y es importante no exigir un rendimiento normal desde el primer momento”, advirtió el especialista.
En algunos casos, este cambio puede evidenciar problemas de sueño previos que no habían sido detectados.
Por eso, si los síntomas persisten o afectan la vida diaria, se recomienda acudir a un especialista para una evaluación adecuada. “Hoy contamos con herramientas para evaluar y tratar estos trastornos de manera integral”, concluyó el Dr. Arias.