La salud mental forma parte del bienestar integral y puede verse afectada por distintas situaciones de la vida cotidiana, incluso antes de que aparezca un problema más complejo.
Por eso, reconocer a tiempo ciertos cambios persistentes en el ánimo, el sueño, el apetito o la forma de relacionarse con otros puede ser clave para buscar apoyo oportunamente.
Javiera Cataldo Castro, académica de la Facultad de Enfermería de la Universidad Andrés Bello, explicó que existen distintas señales que conviene observar con atención.
“Algunas señales que requieren atención son la irritabilidad, la angustia frecuente, las alteraciones importantes del sueño o el apetito, el cansancio que no mejora, las dificultades para concentrarse, la pérdida de interés en actividades que antes resultaban agradables y la tendencia a aislarse de familiares y amigos”, señaló.
Cuándo una señal puede requerir atención
La especialista enfatizó que estas manifestaciones cobran especial relevancia cuando comienzan a interferir con la vida cotidiana.
Esto puede ocurrir, por ejemplo, cuando a una persona le cuesta levantarse para trabajar o estudiar, mantener vínculos, cuidarse o realizar actividades habituales.
“No es necesario esperar a estar en una situación extrema para pedir ayuda. Consultar tempranamente permite evaluar lo que está ocurriendo, identificar factores de riesgo y protectores y ofrecer apoyo antes de que el problema se vuelva más complejo”, explicó Cataldo.
El rol de la Atención Primaria
La Atención Primaria de Salud (APS) cumple un papel importante en la promoción, prevención y detección temprana de problemas como ansiedad, depresión o estrés crónico.
Su cercanía con las personas, familias y comunidades permite observar cambios y detectar situaciones que podrían requerir apoyo profesional.
Cataldo explicó que una consulta por insomnio, cansancio, dolores recurrentes o dificultades familiares también puede abrir una oportunidad para abordar la salud mental.
“Los equipos de APS no observan únicamente una enfermedad, sino que pueden abordar a cada persona considerando su contexto familiar, social y comunitario”, sostuvo.
La atención puede involucrar a médicos, enfermeras, psicólogos, trabajadores sociales y otros profesionales, quienes aportan distintas miradas para definir acciones de cuidado.
Hábitos que pueden favorecer el bienestar emocional
La promoción de la salud mental también se construye desde la vida diaria, a través de hábitos y rutinas que favorezcan el bienestar.
“Mantener rutinas de sueño y alimentación, realizar actividad física, generar momentos de descanso, mantener vínculos significativos, conversar sobre las preocupaciones y pedir ayuda cuando una situación sobrepasa las propias herramientas son algunas de las acciones que pueden contribuir al bienestar emocional”, indicó.
La académica también destacó la importancia de escuchar y acompañar a otras personas, especialmente cuando existen cambios importantes en su comportamiento.
“Muchas veces queremos solucionar rápidamente lo que le ocurre al otro, cuando lo primero que necesita es sentirse escuchado y acompañado”, afirmó.
Participar en actividades, mantener redes de apoyo y conocer los recursos disponibles en el entorno también puede ayudar a disminuir el aislamiento y fortalecer el bienestar.