Caramelos, chocolates, gomitas y chupetes serán protagonistas este 31 de octubre. Para muchos niños, salir a pedir dulces es uno de los momentos más esperados del año.
Sin embargo, cuando regresan a casa con una bolsa repleta de golosinas, surge una pregunta habitual entre los padres: ¿cuántos dulces pueden comer sin poner en riesgo su salud?
“No existe una cantidad universal de dulces recomendada específicamente para Halloween”, explica Perla Valenzuela, académica de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello, sede Viña del Mar.
Según la especialista, la cantidad depende de la edad del niño, sus requerimientos nutricionales, el tipo de golosina y el resto de su alimentación durante el día.
La Organización Mundial de la Salud recomienda que los azúcares libres representen menos del 10% de las calorías diarias y señala que reducirlos por debajo del 5% puede aportar beneficios adicionales.
Como referencia, el Servicio Nacional de Salud del Reino Unido establece límites orientativos de 14 gramos diarios de azúcares libres entre los 2 y 3 años, 19 gramos entre los 4 y 6 años y 24 gramos entre los 7 y 10 años.
Estas cantidades consideran todas las fuentes de azúcares libres consumidas durante el día y no solamente las golosinas de Halloween.
¿Qué pasa si un niño come demasiados dulces?
Consumir una gran cantidad de golosinas en pocas horas puede provocar dolor abdominal, distensión o diarrea.
Además, si los dulces reemplazan las comidas habituales, pueden desplazar alimentos importantes para el crecimiento y desarrollo de los niños.
Uno de los principales riesgos está relacionado con la salud bucodental. El consumo frecuente de azúcar favorece la aparición de caries, especialmente cuando las golosinas son pegajosas.
“El riesgo aumenta cuando los dulces se consumen repetidamente durante el día, especialmente si son pegajosos o permanecen mucho tiempo en contacto con los dientes”, señala Valenzuela.
La especialista aclara que comer más dulces de lo habitual durante una sola celebración no provoca por sí mismo obesidad ni diabetes.
Estos problemas se relacionan con múltiples factores, entre ellos los hábitos alimentarios mantenidos durante el tiempo.
Asimismo, en menores de dos años se recomienda evitar los azúcares añadidos. Los caramelos duros y otras golosinas pequeñas también pueden representar un peligro de asfixia para los niños de menor edad.
Cinco consejos para administrar los dulces
Para evitar que la celebración se transforme en una discusión familiar, la nutricionista recomienda establecer acuerdos y mantener una relación equilibrada con los alimentos.
1. No salir a pedir dulces con hambre. Ofrecer una comida equilibrada antes de la celebración ayuda a evitar que los niños consuman grandes cantidades de golosinas apenas las reciben.
2. Revisar las golosinas al llegar a casa. Es importante comprobar que los envoltorios estén cerrados y descartar productos sospechosos.
En niños pequeños, también se deben retirar aquellos productos que representen un riesgo de atragantamiento.
3. Elegir algunas golosinas y guardar el resto. La especialista aconseja acordar una pequeña selección para disfrutar durante Halloween y reservar otras para días posteriores.
No es necesario consumir todo lo recolectado durante una sola jornada.
4. Evitar comer dulces durante todo el día. Es preferible ofrecerlos en momentos definidos, idealmente junto con una comida o después de ella.
De esta manera, se evita mantener un picoteo constante que aumente la exposición de los dientes al azúcar.
5. No utilizar los dulces como premio o castigo. Prohibirlos completamente o asociarlos al buen comportamiento puede generar una relación poco saludable con la alimentación.
Lo recomendable es establecer límites claros, pero flexibles, sin recurrir a la culpa.
Así, la celebración de Halloween puede incluir golosinas sin convertirlas en el centro de la alimentación de los niños y manteniendo hábitos saludables durante el resto del día.