El cuidado de la piel no solo depende de buenos cosméticos, sino también de mantener limpias las brochas de maquillaje. Estas herramientas acumulan restos de producto, aceites y bacterias que pueden provocar irritaciones si no se lavan con la frecuencia adecuada.
Para brochas de productos líquidos o en crema —como bases o correctores— lo ideal es lavarlas una vez por semana. En el caso de las que se usan con polvos, como sombras o rubores, basta con hacerlo cada dos o tres semanas, siempre que se guarden en un lugar limpio.
Las brochas para delinear ojos requieren atención especial: si se usan con gel o crema, conviene limpiarlas después de cada uso para evitar infecciones.
Lavar las brochas con agua tibia y jabón suave, evitando mojar la base metálica, ayuda a prolongar su vida útil y a mejorar la higiene cosmética, protegiendo así la salud de la piel.