Los accidentes domésticos se han transformado en una de las principales amenazas para la salud infantil en Chile.
Frente a este escenario, María Pilar Valenzuela, académica de la Facultad de Enfermería Campus República de la Universidad Andrés Bello, explica cuáles son los cinco accidentes que más se repiten en los niños.
“Las caídas lideran la lista y constituyen la principal causa de traumatismo encéfalo-craneano en menores de 10 años. Ante una caída, se debe evaluar el nivel de conciencia, evitar movilizar al niño si se sospecha una lesión cervical y acudir a urgencias si hay síntomas como vómitos, pérdida de conciencia o convulsiones.
Las quemaduras, por su parte, afectan a miles de niños cada año, principalmente por contacto con líquidos calientes o estufas. En estos casos, se recomienda aplicar agua fría corriente durante 15 a 20 minutos, sin usar hielo ni remedios caseros, y cubrir con una gasa limpia si hay ampollas o piel expuesta.
Las intoxicaciones son más frecuentes entre 1 y 4 años y suelen estar asociadas a medicamentos o productos de limpieza. Ante una sospecha, no se debe inducir el vómito y es fundamental contactar de inmediato al CITUC (+56 2 2635 3800) o acudir a un servicio de urgencia.
Los ahogos pueden ocurrir en segundos y en silencio, por lo que requiere supervisión constante. En caso de emergencia, se debe retirar al menor del agua, llamar al SAMU (131) e iniciar reanimación cardiopulmonar si no respira.
Finalmente, el atragantamiento es común en lactantes y niños pequeños, y puede identificarse por tos repentina o dificultad para respirar. Si el niño no puede toser, se deben aplicar maniobras de desobstrucción y buscar ayuda inmediata.
La supervisión es la clave
“La supervisión activa es la medida más efectiva. No se debe dejar a menores de 4 años solos en espacios como la cocina, el baño o cerca del agua. Además, es clave adaptar el hogar con medidas de seguridad y educar a los niños según su edad”, explica.
La docente también recomienda guardar medicamentos y productos de aseo bajo llave y que el niño no tenga acceso, asistir a controles de salud, aprender primeros auxilios pediátricos y tener siempre a mano los números de emergencia.
“Actuar a tiempo puede marcar la diferencia entre una situación controlada y una emergencia grave”, concluye.