Aunque suene raro, el resfriado en verano es más común de lo que se piensa. El calor no impide que los virus circulen, y ciertos hábitos lo facilitan.
El error más frecuente es exponerse a cambios bruscos de temperatura, como pasar del sol al aire acondicionado helado. Ese contraste debilita las defensas.
Dormir con ventiladores o aire directo también afecta las vías respiratorias. Evita que el aire frío te dé directamente, especialmente durante la noche.
Otro factor clave es la falta de hidratación y el exceso de bebidas muy frías, que pueden inflamar la garganta. Bebe agua fresca, no congelada.
Para prevenir, lava tus manos con frecuencia, ventila los espacios y cuida tu sistema inmune. Así disfrutas el verano sin visitas al médico.
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