Dolores de espalda, molestias en hombros y fatiga persistente se han vuelto comunes en la jornada de miles de trabajadores. Los trastornos musculoesqueléticos (TME) ya no son un problema individual, sino un factor que impacta directamente en la salud laboral y el rendimiento de las empresas.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los TME son la principal causa de discapacidad a nivel global. En la misma línea, la Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el Trabajo señala que 3 de cada 5 trabajadores reportan molestias de este tipo.
En Chile, el impacto también es significativo. De acuerdo con cifras de la Superintendencia de Seguridad Social (SUSESO), estas patologías explican cerca del 18% de las licencias médicas laborales, convirtiéndose en una de las principales causas de ausentismo.
El impacto económico de las lesiones laborales
El costo de los trastornos musculoesqueléticos va más allá de las licencias médicas. En Europa, estas enfermedades representan hasta un 2% del PIB anual, considerando días perdidos, reemplazos, gastos médicos y presentismo, es decir, asistir al trabajo sin estar en condiciones óptimas.
“Estas lesiones afectan la productividad, aumentan la rotación y generan una pérdida de experiencia dentro de las empresas. Muchas veces su impacto real no se refleja en los indicadores tradicionales”, explica Renato Sepúlveda, gerente general de Andes Levers.
El riesgo es mayor en sectores con alta carga física, como minería, logística y manufactura, donde la automatización aún es limitada y la exigencia corporal se mantiene elevada.
Prevención y tecnología
El envejecimiento de la fuerza laboral ha vuelto urgente la prevención. Hoy existen tecnologías que permiten reducir la carga física y proteger la salud de los trabajadores sin afectar el desempeño.
En Chile, una reducción del 30% en el impacto de los TME, mediante exoesqueletos y tecnologías asociadas, podría significar un ahorro cercano a US$ 2.100 millones anuales para empresas y el sistema productivo.
Más que un problema de salud, los trastornos musculoesqueléticos se han convertido en un desafío clave para la productividad y la sostenibilidad del trabajo.