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¿Tu hijo pronuncia mal algunas palabras? Experta explica cuándo es esperable y cuándo consultar

¿Tu hijo pronuncia mal algunas palabras? Experta explica cuándo es esperable y cuándo consultar
Niños – Freepik

Es común que los niños pequeños cambien, omitan o pronuncien incorrectamente algunas letras o sonidos mientras aprenden a hablar. Sin embargo, cuando estas dificultades persisten más allá de la edad esperada o afectan su comunicación, es importante buscar orientación profesional.

Lorena Luna, académica de Fonoaudiología de la U. Andrés Bello, sede Concepción, entrega recomendaciones para distinguir entre un proceso normal del desarrollo del lenguaje y las señales de alerta que justifican una consulta con un especialista.

Según la profesional, el desarrollo de los sonidos del habla es progresivo. “Hacia los 3 años los niños ya producen correctamente aproximadamente el 80% de los fonemas del español, mientras que entre los 5 y 6 años logran dominar la gran mayoría”, señala. Asimismo, agrega que “sin embargo, algunos sonidos más complejos, especialmente la vibrante múltiple o rótica /rr/ (“rojo”) y ciertos grupos consonánticos (planta, flor, brazo, etc.), pueden consolidarse un poco más tarde, sin que esto necesariamente represente un error y menos un trastorno”.

Inicio del lenguaje

Durante los primeros años, precisa la fonoaudióloga, es esperable que los niños simplifiquen algunos sonidos porque su sistema fonético-fonológico aún está en desarrollo y, por lo tanto, no es conveniente hablar de “errores”. “Es frecuente que sustituyan sonidos difíciles por otros más fáciles (por ejemplo, decir ‘pelo’ en lugar de ‘perro’), u omitan consonantes en palabras largas o simplifiquen grupos consonánticos como ‘pl’, ‘tr’ o ‘br’”, sostiene.

Asimismo, insiste en que “los sonidos de adquisición más tardía en español son principalmente las vibrantes o róticas /r/ y /rr/ (‘aro’, ‘carro’), las fricativas como /s/ y /j/ (‘sapo’, ‘jugo’), además de algunos grupos consonánticos que combinan dos consonantes, como ‘tr’, ‘br’, ‘cr’ o ‘gr’ (‘tren’, ‘cabra’, ‘crema’, ‘tigre’)”, y explica que esto ocurre porque requieren un mayor nivel de coordinación, programación y precisión de los movimientos de las estructuras anatómicas del habla (EAH) u órganos fonoarticulatorios (OFA).

Causas de las dificultades

La evidencia muestra que la intervención temprana en los distintos ámbitos de la fonoaudiología favorece mejores resultados. Así, abordar oportunamente casos de hablantes tardíos, niños con condición del espectro autista o personas con tartamudez (trastorno de la fluidez del habla) favorece significativamente la evolución y el pronóstico. En cuanto a las causas, Luna indica que algunas dificultades “corresponden simplemente a un desarrollo evolutivo fonético-fonológico más tardío, mientras que otras pueden relacionarse con pérdida auditiva, alteraciones estructurales de los órganos fonoarticulatorios, dificultades en la planificación o coordinación de los movimientos del habla, trastornos fonológicos o del lenguaje, factores neurológicos e incluso una estimulación ambiental deficiente o inapropiada como el uso de pantallas en niños pequeños”. Por ello, insiste en la importancia de realizar una evaluación integral y oportuna que permita determinar si es necesario derivar a otros especialistas antes de establecer una causa u origen.

Los padres pueden diferenciar entre un proceso normal del desarrollo y una posible dificultad del habla observando atentamente la evolución del niño. Si incorpora nuevos sonidos y palabras con el paso de los meses, aumenta la claridad de su habla y logra comunicarse eficazmente con personas fuera del núcleo familiar, el desarrollo suele ser adecuado. “En cambio, si los errores persisten más allá de la edad esperada, aumentan con el tiempo o dificultan que otras personas comprendan lo que dice, es recomendable realizar una evaluación fonoaudiológica”, asegura Luna, quien recuerda que existen hitos relevantes dentro del desarrollo del lenguaje. “Entre los 12 y 18 meses el niño o niña debe comenzar a expresarse con palabras de fácil pronunciación que forman parte de su entorno inmediato, como mamá, tata, papá o agua. A los 24 meses se espera que exprese, al menos, 50 palabras y entre los 24 y 30 meses combine dos palabras formando frases”, enumera.

Señales para consultar

Académica recomienda acudir a un especialista cuando el habla resulta difícil de comprender para personas ajenas a la familia; los errores persisten más allá de la edad esperada para cada sonido; el niño omite numerosos sonidos o simplifica excesivamente las palabras; se observa frustración al comunicarse o evita hablar; o existen antecedentes de problemas auditivos, retraso del lenguaje u otras condiciones del desarrollo. “Una evaluación oportuna permite determinar si se trata de una variación normal o esperada del desarrollo o de un trastorno que requiere intervención”, afirma Luna, quien recomienda no esperar demasiado tiempo antes de consultar. “Aunque muchos errores o simplificaciones desaparecen espontáneamente, asumir que todos se resolverán con el tiempo puede retrasar el diagnóstico de un trastorno del habla o del lenguaje. La evaluación precoz no significa que todos los niños necesitan terapia, pero sí permite monitorear su evolución y comenzar una intervención en el momento adecuado si es necesario”, explica.

Estimulación en casa

La académica de la UNAB señala que la mejor estimulación ocurre durante las actividades cotidianas. “Conversar mientras el niño se viste, se baña o come enriquece el desarrollo del lenguaje y del habla. También es beneficioso leer cuentos, cantar canciones que pueda repetir, jugar con rimas, nombrar objetos durante el juego, realizar juegos de roles o adivinar palabras”, indica. Asimismo, destacó que es clave no corregir constantemente al niño cuando pronuncia mal una palabra, ya que estas correcciones permanentes pueden generar frustración y disminuir su intención de comunicarse. “Lo más recomendable es utilizar el modelado y expansión: si el niño dice ‘Quelo oto’, el adulto puede responder naturalmente: ‘Sí, quieres otro’ y expandir la oración: ‘Sí, quieres el otro auto azul’. De esta forma escucha el modelo correcto sin sentirse evaluado”, manifiesta.

La especialista recuerda que cada niño tiene su propio ritmo de desarrollo, aunque este ocurre dentro de rangos esperables. “Ante cualquier duda sobre la pronunciación o la inteligibilidad del habla o lenguaje, la recomendación es consultar tempranamente con el especialista fonoaudiólogo. Una evaluación oportuna permite entregar tranquilidad a la familia cuando el desarrollo es normal y, si existe una dificultad, iniciar una intervención precoz que favorezca el desarrollo comunicativo de los niños”, concluye.

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