El metal rojo subió cerca de 2,8% hasta los US$6,45 la libra, alcanzando nuevos máximos históricos, impulsado por preocupaciones de oferta y por una perspectiva estructural de demanda favorable asociada a electrificación, redes eléctricas, inteligencia artificial y construcción de centros de datos. Además, la actividad manufacturera en China mostró señales de fortaleza, apoyando el apetito por metales industriales.
Sin embargo, esta vez el alza del cobre no logró fortalecer al peso chileno. La razón es que parte importante del avance del metal responde a riesgos de suministro, no solo a mayor demanda. El conflicto entre Estados Unidos e Irán ha afectado los flujos de azufre y ácido sulfúrico, insumo clave para la refinación de cobre.
Esto llevó a China a suspender exportaciones y generó presión sobre Chile, principal productor mundial, donde algunas refinerías enfrentan riesgos de menor capacidad. Por eso, un cobre más alto por restricciones de oferta puede tener un efecto mixto para Chile: mejora el precio, pero también aumenta la preocupación por menores volúmenes de producción y exportación.
A nivel externo, el Dollar Index moderó parte de sus avances tras la apertura estadounidense, pero igualmente subió 0,10% hasta los 97,63 puntos, apoyado por la demanda de refugio ante la falta de avances concretos entre Washington y Teherán. Aunque algunas visiones de mercado apuntan a un dólar más débil en los próximos meses si mejora el apetito por riesgo, en el corto plazo la divisa sigue sostenida por incertidumbre geopolítica y cautela frente a próximos datos de Estados Unidos.
En resumen, el dólar subió en Chile porque el mercado priorizó el riesgo externo, la demanda por refugio y las dudas sobre la oferta minera local, por sobre el efecto positivo tradicional de un cobre en máximos históricos, sostuvo Felipe Sepúlveda Soto, analista jefe de Admirals Latinoamérica.