Estados Unidos elevó este viernes la presión sobre Irán al afirmar que su nuevo líder supremo, Mojtaba Khamenei, está “herido y probablemente desfigurado” tras los ataques lanzados por Washington e Israel contra territorio iraní.
La declaración fue hecha por el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, en medio de una nueva escalada verbal y militar en la región.
La afirmación de Washington se produce mientras crecen las dudas sobre la condición real del sucesor de Ali Khamenei, quien asumió el liderazgo tras la muerte de su padre al inicio de la ofensiva.
Desde su nombramiento, Mojtaba Khamenei no ha reaparecido públicamente en video o audio, y su primer mensaje fue difundido solo por escrito a través de la televisión estatal iraní.
Washington pone en duda la capacidad de liderazgo de Mojtaba Khamenei
Además de hablar de sus heridas, Hegseth cuestionó directamente la fortaleza política del nuevo líder iraní y sugirió que su ausencia pública refleja fragilidad y temor.
En paralelo, el presidente Donald Trump sostuvo que cree que Mojtaba Khamenei sigue vivo, pero lo describió como “dañado”, reforzando la idea de que la cúpula iraní salió golpeada de las primeras fases de la guerra.
Del lado iraní, sin embargo, la versión es distinta. La televisión estatal presentó a Mojtaba Khamenei como un dirigente “herido en guerra”, mientras que un funcionario iraní dijo a Reuters que sus lesiones fueron leves y que continúa desempeñando sus funciones. Esa diferencia de versiones mantiene abierta la incertidumbre sobre su verdadero estado físico y sobre cuánto control conserva sobre la conducción del conflicto.
La controversia surge en un momento especialmente sensible, porque el nuevo líder iraní ya amenazó con mantener cerrado el estrecho de Ormuz y advirtió a los países vecinos que expulsen a las fuerzas estadounidenses de sus territorios o se expongan a represalias. Sus primeras definiciones, aunque difundidas sin aparición directa, confirmaron una línea de fuerte confrontación en plena expansión de la guerra regional.
Con este nuevo cruce, Estados Unidos no solo busca exhibir el daño causado a la estructura de poder iraní, sino también instalar dudas sobre la legitimidad y capacidad operativa del hombre que hoy encabeza el régimen. Mientras Irán intenta mostrar continuidad política, la ofensiva comunicacional de Washington apunta a debilitar la imagen del nuevo líder en el frente interno y en el escenario internacional.