Una multitud estimada en más de 250 mil personas se reunió este sábado en torno a la Plaza de San Pedro para dar el último adiós al papa Francisco. Aunque la capacidad de la plaza es de 40 mil asistentes, la presencia de fieles desbordó los límites y ocupó la Vía de la Conciliación y otros espacios aledaños.
La Misa de Réquiem fue celebrada por el cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio, acompañado por cerca de 250 prelados, religiosos y laicos. El rito estuvo marcado por un ambiente de recogimiento, en homenaje a quien dedicó su pontificado a los más necesitados y a la promoción de la fraternidad universal.
Al término de la ceremonia, el cortejo fúnebre partió hacia la Basílica de Santa María La Mayor. Miles de fieles siguieron el recorrido por las calles de Roma, en señal de respeto. Frente a la basílica, cuarenta personas, entre ellas, personas en situación de vulnerabilidad y presos, aguardaban con rosas blancas para recibir los restos del pontífice.
Según su voluntad, el papa Francisco será sepultado en una tumba sencilla, en la tierra, entre la Capilla Paolina y la de la familia Sforza. Su lápida, de mármol blanco, llevará únicamente su nombre papal, “FRANCISCUS”, junto a una reproducción en plata de su cruz pectoral.
El sepelio se realizó de manera privada. A partir del domingo por la mañana, la tumba podrá ser visitada por los fieles que deseen rendir homenaje al papa que dejó una huella profunda en la historia de la Iglesia.