Carmen Aldunate, una de las exponentes más destacadas de la pintura chilena, falleció a los 86 años dejando un legado de más de seis décadas dedicadas al arte. La artista fue reconocida por su particular estilo y por sus representaciones cargadas de simbolismo.
La noticia fue confirmada por el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), institución que despidió a la creadora destacando la importancia de su trayectoria dentro de la escena artística nacional.
“A lo largo de más de seis décadas de trayectoria, desarrolló un lenguaje propio, marcado por la representación de la figura humana y, especialmente, de mujeres que habitan sus pinturas con una profunda carga simbólica y psicológica”, señalaron desde el museo.
El organismo también agradeció el aporte de Aldunate y la calificó como una artista fundamental de la pintura chilena.
La trayectoria de Carmen Aldunate en el arte chileno
Nacida en Viña del Mar, Carmen Aldunate comenzó su camino artístico a los 17 años, cuando ingresó a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Católica de Chile.
Posteriormente, estudió en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile, donde fue alumna de reconocidos artistas como Mario Carreño, Roser Bru, Nemesio Antúnez, Delia del Carril, Mario Toral y José Balmes.
Durante su carrera también realizó un posgrado en el Departamento de Arte de la Universidad de California en Davis, Estados Unidos, país donde residió durante siete años.
Tras regresar a Chile, se desempeñó como profesora de dibujo y pintura en distintas instituciones, entre ellas la Universidad Católica de Chile.
A lo largo de su carrera, Carmen Aldunate realizó al menos 38 exposiciones individuales en distintos países de Latinoamérica y Estados Unidos, consolidando su presencia dentro del mundo artístico.
El estilo que convirtió a Carmen Aldunate en una figura reconocida
Las obras de Carmen Aldunate se caracterizaron por una particular representación de la figura humana, especialmente de mujeres con rostros ovalados, grandes ropajes y una estética vinculada al prerrenacimiento.
La propia artista llamaba cariñosamente “monas” a sus pinturas, las que destacaban por sus elementos simbólicos y la profundidad psicológica de sus personajes.
Su trabajo fue reconocido con importantes distinciones, entre ellas el Primer Premio Dibujo del Salón Oficial de Chile en 1974 y el Primer Premio Bienal Punta del Este, Uruguay, en 1978.
Además, en 2004 se convirtió en miembro de número de la Academia Chilena de Bellas Artes, reconocimiento a su aporte al desarrollo cultural del país.