La violenta muerte de una inspectora al interior de un colegio en Calama volvió a instalar con fuerza una pregunta incómoda: ¿siguen siendo seguros los espacios educativos en Chile?
Este caso, no solo conmocionó al país, sino que también posicionó la violencia escolar como una urgencia que se venía postergando, a pesar de que diversas investigaciones ya advertían su prioridad para la ciudadanía.
Una percepción que ya estaba instalada
Un reciente estudio del Observatorio Social de la Universidad del Alba, dependiente de la Facultad de Ciencias Sociales, reveló una alta preocupación ciudadana por el aumento de episodios de violencia en los colegios.
La investigación indica que el 78,9% de los consultados (1.000 personas mayores de 18 años en 70 comunas del país) cree que la violencia entre estudiantes es frecuente o muy frecuente. Entre las formas más comunes destacan la violencia psicológica, física y el ciberacoso.
Estos datos confirman que el problema trasciende las salas de clases y se extiende a entornos virtuales y comunitarios.
Además, uno de los hallazgos más relevantes es que solo un 36,6% de las personas considera que los colegios son espacios seguros para niños y adolescentes, lo que refleja una pérdida de la función protectora que históricamente se le ha asignado a la escuela.
A esto se suma que un 52% considera que la violencia juvenil es “muy preocupante”, vinculándola principalmente a la falta de disciplina en el hogar, el consumo de drogas y alcohol, y la influencia de las redes sociales.
“La violencia escolar ha dejado de ser un hecho aislado para convertirse en un problema estructural que refleja tensiones en la familia, la comunidad y las redes sociales. Los resultados muestran que la ciudadanía ya no percibe la escuela como un espacio seguro, y eso es una alerta que no podemos ignorar si queremos preservar su rol formativo y protector”, explicó Marcelo Estrella, académico del Observatorio Social de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad del Alba.