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Ley Karin, 40 horas y Ley de Conciliación: el verdadero impacto que ya sienten empresas y trabajadores

Ley Karin, 40 horas y Ley de Conciliación: el verdadero impacto que ya sienten empresas y trabajadores
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El 2025 estuvo marcado por la consolidación de tres grandes reformas: la Ley Karin, la reducción progresiva a 40 horas semanales y la Ley de Conciliación de la Vida Laboral, Familiar y Personal. Aunque significaron avances en derechos laborales, también evidenciaron brechas de preparación, mayores costos operativos y un aumento en los despidos por necesidades de la empresa.

“La implementación fue heterogénea y dejó en evidencia diferencias importantes en el nivel de preparación”, explica Pedro Matamala, socio de Provoste Matamala Abogados.

Más derechos, pero mayor presión para las empresas

En el caso de la Ley Karin, el efecto más visible ha sido el aumento de denuncias por acoso laboral, sexual y violencia en el trabajo. Entre agosto de 2024 y junio de 2025 se registraron 44.212 denuncias, de las cuales un 42% corresponde directamente a materias vinculadas a esta normativa. El 66,4% fueron presentadas por mujeres, siendo el acoso laboral la principal causa.

Su aplicación implicó nuevos protocolos obligatorios, capacitaciones y asesorías, elevando los costos organizacionales y generando tensiones internas. “Es una buena ley en su objetivo, pero mal ejecutada”, advierte Matamala.

La implementación de las 40 horas también ha significado una profunda reorganización interna. El aumento del costo laboral por hora trabajada ha afectado especialmente a pymes, obligando a ajustes en productividad y estructuras.

En paralelo, la Ley de Conciliación permitió el acceso al teletrabajo y modalidades híbridas para trabajadores con labores de cuidado, fortaleciendo la corresponsabilidad familiar, aunque con una aplicación desigual entre empresas.

El efecto en el empleo y las proyecciones para 2026

Uno de los impactos más relevantes ha sido el incremento de los despidos por necesidades de la empresa durante 2025. Si bien influyen factores macroeconómicos, también han incidido las nuevas exigencias regulatorias, que llevaron a procesos de reestructuración, externalización y automatización.

“Se han transformado en una herramienta recurrente de ajuste frente a un entorno más exigente”, señala Matamala.

De cara a 2026, el escenario dependerá de la estabilidad económica y de una mayor certeza jurídica. La adaptación, el diálogo interno y la planificación anticipada serán claves en un mercado laboral que sigue ajustándose a nuevas reglas.

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