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Regular no es promover: por qué Chile necesita una ley moderna para las apuestas online

Regular no es promover: por qué Chile necesita una ley moderna para las apuestas online
Apuestas – Freepik

Cada vez que se habla de apuestas online en Chile, el debate suele caer en una falsa dicotomía: permitirlas o prohibirlas. Sin embargo, la realidad demuestra que existe una tercera alternativa, probablemente la más sensata de todas: regularlas.

Las plataformas de apuestas digitales no son una tendencia pasajera. Son una industria global que mueve miles de millones de dólares y que, nos guste o no, ya forma parte de los hábitos de consumo de millones de personas. La pregunta ya no es si existen. La pregunta es si el Estado seguirá observándolas desde la vereda o si asumirá la responsabilidad de establecer reglas claras para su funcionamiento.

La ausencia de regulación rara vez elimina una actividad. Lo que generalmente consigue es empujarla hacia espacios grises donde los consumidores quedan desprotegidos. Cuando no existen normas, tampoco existen obligaciones claras sobre transparencia, protección de datos, prevención de fraudes o mecanismos efectivos para abordar problemas asociados al juego compulsivo.

Regular no significa incentivar. Tampoco implica hacer publicidad de una actividad o transformarla en una política pública. Regular significa reconocer una realidad y establecer límites. Significa exigir estándares, fiscalizar conductas y sancionar incumplimientos. En otras palabras, significa que el Estado recupere capacidad de control sobre un fenómeno que hoy ocurre igualmente.

Existe además una dimensión que suele quedar fuera de la discusión. Las nuevas generaciones consumen entretenimiento digital de manera completamente distinta a la de hace veinte años. Pretender que internet puede ser gestionado con herramientas regulatorias del siglo pasado no solo es ineficiente, sino que también genera vacíos que terminan aprovechando actores sin ningún tipo de supervisión.

La experiencia internacional ofrece lecciones importantes. Los países que han optado por marcos regulatorios modernos han logrado mayores niveles de transparencia, mejor protección para los usuarios y herramientas más efectivas para combatir operadores irregulares. En contraste, donde predomina la incertidumbre legal, proliferan plataformas difíciles de fiscalizar y consumidores con menos garantías.

Otro aspecto relevante es la protección de grupos vulnerables. Una regulación seria puede establecer límites de edad efectivos, controles de identidad, sistemas de autoexclusión, monitoreo de conductas de riesgo y obligaciones de juego responsable. Sin reglas, ninguna de estas herramientas existe de manera uniforme ni exigible.

Por supuesto, toda regulación debe ser exigente. Debe incluir mecanismos robustos de fiscalización, estándares tecnológicos, transparencia financiera y sanciones reales para quienes incumplan la normativa. Pero precisamente por eso resulta necesaria. Porque el vacío legal no protege a nadie.

Chile enfrenta una decisión que va más allá de las apuestas online. Lo que está en juego es la capacidad del país para adaptarse a nuevas realidades digitales sin renunciar al control institucional. En tiempos donde la tecnología avanza más rápido que las leyes, regular no es rendirse frente a un fenómeno. Es gobernarlo.

Y cuando una actividad ya existe, es masiva y seguirá creciendo, la discusión responsable no debería centrarse en ignorarla. Debería enfocarse en cómo establecer las reglas que permitan proteger a las personas, asegurar transparencia y evitar que la falta de regulación termine siendo el verdadero problema.

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