Sensores, espectrometría, smart packaging , plataforma en base a big data. Distintas herramientas para que el consumidor conozca la madurez , las calorías, grasa o proteínas de lo que piensa comprar, o para que diseñar nutrición de acuerdo a sus necesidades. En Chile, un consorcio de varias universidades ya desarrolla algunas de estas nuevas tecnologías. Se estima que en unos cinco años, estas ya debieran estar siendo incorporadas por los productores.
Como si se tratara de un capítulo de la serie inglesa “Black Mirror”, en los próximos años podríamos comenzar a ver en el mercado envases con sensores que permiten saber cuán madura está una fruta o las calorías que tiene. O armar una nutrición personalizada con solo registrar el registro que haga una app en el teléfono de los datos de un producto en la góndola.
Son soluciones que ya están trabajándose incluso en Chile, que buscan abrir nuevos espacios hacia los consumidores y de paso adelantarse a sus exigencias.
“Los millennials son un segmento muy informado y al que le interesa interactuar con la etiqueta. Sus demandas están empujando el desarrollo de estas soluciones tecnológicas, que buscan ganar espacios a nivel del consumidor”, dice Rodrigo González, gerente general de Co-Inventa, programa tecnológico de la Corfo que desarrolla smart packaging , entre otras soluciones enfocadas en las experiencias de los usuarios, como envases activos y envases ecoamigables.
“No se debe subestimar el poder del consumidor. Ellos tienen la capacidad de hacer cambiar a la industria de la noche a la mañana. La demanda del consumidor impulsa el movimiento mundial de productos”, señala un estudio de la Produce Marketing Asociation (PMA), llamado Un vistazo de la PMA al futuro: Estudio de 2017 del entorno de las frutas, vegetales y flores frescas, y que aborda las nuevas tecnologías, como los sensores y los espectrómetros de alimentos, “que están brindando a los consumidores visualizaciones en alta resolución de la frescura de los alimentos”.
La etiqueta lee si la fruta está madura
Mauricio Toro, jefe de proyectos de productividad alimentaria de Fundación Chile, ha seguido de cerca estas nuevas tendencias de consumo y perfila al usuario que está detrás de ellas: “Hoy, como concepto, se habla de etiquetas inteligentes. Eso es lo que se ve afuera, donde la mirada está puesta en el consumidor. Este usuario está buscando más información que le agregue valor; es decir, beneficios al consumir un producto”, dice.
¿Qué es una etiqueta inteligente? Funcionan en base a sensores y en algunos mercados ya se pueden ver en frutas y hortalizas. Las hay por detección química, de humedad y temperatura.
“Por una reacción enzimática o por aroma, van determinando las semanas de madurez del fruto, por color”, señala Toro.
Habitualmente, esto se presenta en envases de cuatro frutas. Sobre el packaging hay una etiqueta que cambia de color -en distintas tonalidades- de acuerdo al grado de madurez de la fruta, ejemplifica el experto de Fundación Chile.
“Esta es un ejemplo entre varias que existen. Se llama Ripesense y es de origen neozelandés. Ahora se está evaluando su uso para frutas en retailers en Estados Unidos (…). Afuera son tendencia y tienen al menos cinco años de uso”, agrega.
Toro explica que el reporte Global Smart Labels Market, de Allied Market Research, indica que en 2017 la tendencia en etiquetado inteligente, en el mercado global, se valorizaba en US$ 5.428 millones de dólares. Al 2023, la proyección es que llegará a US$ 13.671 millones. Además, cita el estudio Europe Smart Labels Market (2017-2023), realizado por Research and Markets, según el cual se espera que el mercado de las etiquetas inteligentes en Europa tenga un aumento de la tasa de crecimiento de 17,9% en el mismo período.
Comprar según el perfil de bienestar
Otra tecnología es la llamada espectrometría, que funciona mediante la lectura del NIR o longitudes de onda visible y va midiendo compuestos como proteínas, grasas y humedad, entre otros del producto.
“Un ejemplo es el dispositivo SCiO, de desarrollo israelí”, dice el jefe de proyectos de productividad alimentaria de Fundación Chile. En rigor, funciona con dos dispositivos, por lo que se puede incluir en la categoría de internet de las cosas.
Es un microespectrómetro que absorbe la luz de un objeto y determina la composición química de frutas, hortalizas, carne, lácteos o pescado. Esto lo logra emitiendo un haz de luz que se reflecta en el producto y envía la información a un teléfono inteligente, que mediante una aplicación la interpreta para el usuario. Con esto, el consumidor puede hacer una lectura del contenido de aceites, proteína o metales pesados del producto.
“La página web de la empresa desarrolladora ofrece una versión básica del dispositivo a 300 dólares”, detalla Toro.
Va más allá: explica que dispone de un “perfil de bienestar” para el usuario, asociado a la lectura de los productos que va realizando e integrando en el dispositivo. A futuro, la idea es que todo sea leído a través del teléfono.
Las nuevas tecnologías, como los sensores y los espectrómetros de alimentos “detectan con precisión e informan la frescura de un alimento para garantizar su consumo en el mejor momento de su sabor”, indica la investigación de la PMA. Añade que las tecnologías multisensoriales que transmiten cualidades como el olor, ayudan a los consumidores a medir la frescura con la vista y los llevan hacia las opciones más frescas. Incluso se utilizan en pesas inteligentes, donde a través de sensores y espectrómetros de alimentos permiten que los clientes pesen las frutas y los vegetales y obtengan información sobre cuántas calorías tiene la fruta o el vegetal, si es orgánico, la antigüedad del producto, nutrientes, sabor y cómo se produjo.
“Las básculas inteligentes permiten que el minorista vea la información más importante para clientes específicos, lo cual puede ayudar a comunicar el contenido para comunicaciones personalizadas”, señala el estudio.
Mauricio Toro destaca también las plataformas en base a big data, que levantan y almacenan datos sobre los productos y sus características. Así, la persona escoge los productos en el supermercado, los lee con una aplicación -gratuita- en el teléfono, la que diseña una canasta personal con calorías, azúcar o grasas, entre otros. “En Estados Unidos y Canadá se reunieron productores de alimentos y decidieron formar parte de este big data. Pusieron a disposición sus productos y la información sobre ellos”, cuenta el experto de Fundación Chile.
Esta electrónica de consumo, como teléfonos inteligentes y iPads, “se desarrollará con sensores que permitan a las personas escanear los alimentos para acceder a información, ya sea sobre la frescura, el grado de maduración, el contenido de azúcar, la variedad o una serie de otros atributos (…). Esta tecnología creará un consumidor más educado y poderoso que los comercializadores deberán enfrentar”, explica el documento de PMA.
La cuarta dimensión
“Todas estas tecnologías, lo que le están entregando al consumidor, son garantías de calidad, trazabilidad y confianza. Hoy la población está súper consciente de lo que consume: quiere productos saludables, pero también ricos y de calidad. Está dispuesto a pagar más por obtenerlo y eso genera oportunidades de desarrollos tecnológicos para responder a esos requerimientos”, asegura Graciela Urrutia, gerenta de Transforma Alimentos de Corfo.
Desde la mirada del consumidor,”ahora un producto tiene una cuarta dimensión, además del alto, ancho y largo, y es la capa de información”, complementa Francisco Rossier, director de Innovación de Transforma Alimentos.
“Amazon tiene varias aplicaciones que con solo ver el producto, forma o la impresión del logo, el teléfono -a través de un sistema de reconocimiento óptico-, va a arrojar de inmediato las características nutricionales que tiene o la trazabilidad hacia atrás. También está pensado para facilitar la vida al consumidor en su experiencia de compra”, afirma.
Esto se relaciona con la tendencia de acortar las cadenas de distribución y de llegar, ojalá lo más pronto posible, al consumidor. “Significa entregarle directamente la información y la calidad que está buscando”, dice Urrutia.
Pone sobre la mesa un tema de futuro: la nutrición personalizada, ligada a saber lo que cada organismo necesita.
“Hoy existe un área de la biotecnología que estudia la relación entre el genoma humano, la nutrición y la salud, orientada a la prevención y tratamiento de enfermedades. Es la base científica de una dieta personalizada, por lo cual es posible pensar que a futuro podrás encargar comida a domicilio, que será nutricionalmente la más adecuada a tu genotipo”.
Fuente: Revista del Campo