Cultura

“Despertar de Tierra”: el Maule llega a Matucana 100 con máscaras, música y tradición oral

“Despertar de Tierra”: el Maule llega a Matucana 100 con máscaras, música y tradición oral
Despertar de Tierra – Cuervos del Pantano

El reciente montaje de Cuervos de Pantano combina música en vivo y teatro de máscaras para narrar un viaje por el Maule —de cordillera a mar— a través de la vida de Víctor y la tradición oral de la región. La obra va en cartelera en Matucana 100 hasta el 29 de marzo. “Buscamos un teatro filosófico, reflexivo, existencialista”, dice su director Andrés Saavedra, “pero que lo pueda entender alguien que nunca ha puesto un pie en una sala de teatro”.


Despertar de Tierra“, el último montaje de la compañía Cuervos de Pantano, llega a Matucana 100 con una propuesta que se resiste a los formatos fáciles: tres actores-juglares narran el viaje de Víctor, un personaje que recorre el Maule de cordillera a mar, cargando sobre sus hombros historias, amistades, risas y dramas recogidos de la tradición oral de la región. En escena, máscaras, música en vivo y una artesanía escénica analógica —fierro, bisagra, madera— que en el Santiago teatral de hoy se vuelve, paradójicamente, subversiva.

Detrás de la obra está Andrés Saavedra, director y dramaturgo, quien llegó al teatro desde un lugar insólito: la psicología. Estudió esa carrera, se especializó en psicología educacional, y fue solo al terminar que cruzó el Atlántico para formarse en Barcelona en la metodología Lecoq, una técnica de teatro físico que pone el cuerpo —desde la columna, no desde el rostro— como instrumento central de la expresión escénica.

La compañía nació en 2021, rebautizándose desde el anterior nombre Sopaipilla Teatro, y lo hizo en el peor momento posible.

—La compañía nace ahí justo saliendo de pandemia, todavía en pandemia —recuerda Saavedra—. Como que en ese estar en el piso, tocando fondo, nace el proyecto que después le da vida y nombre a la compañía.

Esa obra inaugural, “Cuervos de Pantano”, les abrió las puertas de otras regiones y los trajo por primera vez a presentar su trabajo a Santiago. “Despertar de Tierra” es, en cierto sentido, su heredera: construida de manera más autogestionada, pero apoyada por la red de colaboraciones que se fue tejiendo desde aquella primera gran apuesta. El proceso incluyó una residencia creativa en el centro cultural Nau Ivanow de Barcelona, en 2023, donde la obra empezó a tomar forma teatral a partir de una investigación previa.

El Maule como método

Saavedra es de Curicó y eso no es un dato anecdótico: es el punto de partida de todo el proceso creativo. Antes de cada montaje, el equipo sale a investigar. Entrevistas, registros sonoros, fotografías, bibliografía. Un proceso que mezcla el rigor de las ciencias sociales con la sensibilidad del artesano que sabe que no todas las historias que encuentra son aptas para el escenario.

—Llega un punto donde tenemos todo ese material y esa es la pega: tenemos que primero reducir, seleccionar qué historias son aptas para el escenario —explica—. Y viene ahí esa transformación, esa adaptación. Hay licencias poéticas obviamente necesarias para que pueda transformarse en una obra de teatro.

Parte de lo que le fascina de la tradición oral es su naturaleza esquiva. Cada vez que alguien cuenta una historia, es la primera y última vez que la cuenta de esa manera exacta.

—La escuchamos, la transcribimos, y luego tenemos solo esa versión —dice—. A lo mejor esa misma persona, si le preguntamos un año más, nos la cuenta de una manera distinta. Y eso es súper lindo, porque tampoco es una verdad absoluta, sino una verdad de ese único momento que vivimos con esa persona.

Esa lógica, sostiene, es la que intentan trasladar al teatro: cada función es también, en ese sentido, irrepetible.

El resultado podría parecer localista —historias del Maule, paisajes del Maule, memoria del Maule— pero en la práctica ocurre algo distinto. Gente de Santiago que reconoce a sus abuelos en esos personajes, espectadores de otros países que se emocionan con historias de Curepto o Putú.

—Los contenidos trascienden un poco a la existencia humana, a lo filosófico —reflexiona—. Al final es el territorio de todas, de todos. Uno lleva ese territorio específico, pero que se vuelve inespecífico porque mucha gente se identifica.

La máscara como amplificador

Una de las marcas registradas de Cuervos de Pantano es el uso de la máscara. No la máscara completa que borra al actor, sino la media máscara —la que despeja la boca y permite el uso de la voz— que obliga al intérprete a buscar la emoción donde resulta más incómodo: en el centro del cuerpo.

—Me faltan las cejas —explica Saavedra—. No voy a poder marcar con las cejas que estoy enojado, que estoy triste. Entonces la tengo que marcar desde el pecho, con la voz. Pasa un fenómeno que se llama amplificación: con todo el cuerpo tengo que expresar esa tristeza, esa alegría, esa sorpresa.

Lo que a primera vista podría parecer una limitación se vuelve, bajo esta lógica, una profundización. La máscara niega los atajos expresivos del rostro y, al negarlos, obliga a ir a la esencia.

La máscara debe buscar cuál es la esencia de estar enojado —dice—. No solo el ceño fruncido. Es lindo ese camino, porque genera una sensación muy esencial de lo que es la emoción.

Un teatro para quien nunca ha ido al teatro

Presentarse en Matucana 100 implica para Cuervos de Pantano un desafío particular. El circuito teatral santiaguino trabaja otros lenguajes, otras estéticas. Saavedra lo observa con curiosidad y sin resentimiento: lo que hace su compañía —guitarras, máscaras, comedia, drama, actuación juglaresca— no es lo que se acostumbra ver en ese escenario, pero tampoco lo considera una desventaja.

—Hay gente que quiere ver otras cosas —dice—. Comprobamos que ese lenguaje también tiene público en Santiago.

La apuesta artística de “Despertar de Tierra” tiene una dimensión que Saavedra no duda en llamar también política. La obra tiene clasificación desde +5 años y está pensada para que la vea un niño, un adulto, alguien que va al teatro con frecuencia y alguien que nunca había pisado una sala.

—No nos gusta que alguien no pueda ver una obra de teatro —dice—. A veces hay una muralla intelectual, un “había que leer para ver la obra”. Nuestra opción es un teatro que lo puedan ver todos, y que no por eso pierda calidad ni profundidad.

Es el desafío que define a la compañía y que “Despertar de Tierra” encarna con más convicción que nunca: hacer un teatro filosófico, reflexivo, existencialista —uno donde la memoria se vuelve más grande que el cuerpo que la carga— pero contarlo de una manera en que cualquiera pueda entrar.

—Ese cruce del arte popular y profundo artísticamente con la gente es lo que a mí me fascina —concluye—. Es mi bandera de lucha en el arte, en el teatro.

“Despertar de Tierra”, de Cuervos de Pantano, se presenta en Matucana 100 de jueves a domingo hasta el 29 de marzo.

 

Ver comentarios
Los comentarios son moderados para garantizar un diálogo respetuoso.