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Día del Niño: las señales silenciosas que pueden revelar un problema de bienestar emocional en menores

Día del Niño: las señales silenciosas que pueden revelar un problema de bienestar emocional en menores
Día del Niño – Agencia Uno

Este domingo, muchas familias celebrarán el Día del Niño con regalos, panoramas y actividades especiales. Sin embargo, la fecha también puede convertirse en una oportunidad para detenerse y observar algo menos evidente: ¿cómo se están sintiendo realmente los niños dentro de sus hogares?

No todos expresan el malestar llorando, desobedeciendo o diciendo que algo les ocurre. Algunos continúan jugando, cumplen con sus responsabilidades y procuran no incomodar. Incluso pueden ser descritos como maduros para su edad.

El problema aparece cuando esa conducta no nace de la seguridad, sino del temor a preocupar a sus padres, generar conflictos o convertirse en una carga.

“Un niño que dejó de pedir ayuda, que intenta resolverlo todo solo o que se esfuerza por no incomodar puede parecer muy maduro. Sin embargo, también puede haber aprendido que sus emociones generan problemas. La pregunta no es solamente si se porta bien, sino si siente que puede estar triste, enojado o asustado sin perder el cariño o la aprobación de los adultos”, explica Luz María de Costa-Nora, jefa del Área de Atenciones Terapéuticas de Fundación CENFA.

¿Qué señales no deberían pasar inadvertidas?

Una conducta aislada no necesariamente indica un problema. Lo importante es observar si existe un cambio respecto de la forma habitual de ser del niño, cuánto tiempo se mantiene y cómo afecta su vida familiar, escolar o social.

Entre las señales que requieren mayor atención se encuentran:

  • Dejar de pedir ayuda y tratar de resolver solo situaciones que antes compartía con sus padres o cuidadores.
  • Presentar irritabilidad constante, respuestas desproporcionadas o explosiones emocionales por situaciones aparentemente pequeñas.
  • Aislarse, perder interés en jugar o evitar actividades que anteriormente disfrutaba.
  • Tener cambios persistentes en el sueño, el apetito o la energía.
  • Manifestar dolores de cabeza, molestias estomacales u otros síntomas físicos recurrentes sin una causa clara.
  • Mostrar miedo excesivo a equivocarse, decepcionar a los adultos o generar problemas dentro del hogar.
  • Responder frecuentemente no importa, me da lo mismo o estoy bien para cerrar una conversación.

Estas señales no deben utilizarse para etiquetar ni diagnosticar. El objetivo es abrir una conversación y comprender qué puede estar ocurriendo, especialmente durante periodos de cambios de rutina, exigencias escolares o tensiones familiares.

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