La encíclica Magnifica Humanitas, la primera del León XIV, aparece en un escenario internacional marcado por guerras persistentes, crisis humanitarias y tensiones geopolíticas que han dejado de verse como excepciones. Su mensaje central apunta a disputar una idea cada vez más instalada: que la guerra puede asumirse como una condición inevitable de la política mundial.
Uno de los puntos más relevantes es su crítica a la antigua doctrina de la “guerra justa”, utilizada históricamente para justificar el uso de la fuerza bajo ciertos criterios teológicos y jurídicos. El texto plantea que esa categoría quedó obsoleta, especialmente en un contexto donde los conflictos suelen estar atravesados por intereses económicos, militares y geopolíticos.
Roberto Saldías, director del Instituto de Teología y Estudios Religiosos de la Universidad Alberto Hurtado, sostiene que el aporte más audaz es declarar superada esa doctrina. A su juicio, esta ha sido instrumentalizada para legitimar guerras que, en el fondo, responden a disputas de poder entrelazadas.
La reflexión también apunta al rol de la inteligencia artificial en los conflictos armados. Lejos de presentar la tecnología como una herramienta capaz de hacer más “precisa” o “justa” la guerra, se advierte que puede volverla más ejecutable, distante e impersonal.
En esa línea, Saldías plantea que la inteligencia artificial “no hace la guerra más justa, sino más ejecutable e impersonal”, ya que reduce a las víctimas a datos y disminuye el umbral psicológico y moral para recurrir a la violencia.
El texto insiste en que ningún algoritmo puede entregar legitimidad moral a una guerra. La advertencia cobra especial relevancia en un escenario donde las decisiones militares incorporan cada vez más sistemas automatizados, vigilancia digital y tecnologías de selección de objetivos.
Sin embargo, Saldías también identifica un límite. Aunque el llamado al diálogo y al multilateralismo resulta necesario, queda abierta la pregunta sobre qué instituciones pueden hacerlo efectivo cuando los organismos internacionales están bloqueados por las mismas lógicas de poder que se denuncian.
Pese a esa tensión, Magnifica Humanitas se instala como una intervención ética relevante frente a la normalización de la violencia. Su principal fuerza está en recordar que la guerra no debe aceptarse como horizonte inevitable y que la dignidad humana no puede quedar subordinada a intereses estratégicos ni a decisiones automatizadas.