Tendencias

“Ojo de loca no se equivoca”: especialista analiza el mito del sexto sentido femenino

“Ojo de loca no se equivoca”: especialista analiza el mito del sexto sentido femenino
Intuición femenina – Cedida

La idea de que las mujeres poseen un “sexto sentido” o el popular “ojo de loca no se equivoca” ha vuelto a instalarse con fuerza sobre todo en las redes sociales. Frases asociadas a una supuesta intuición femenina suelen compartirse como explicaciones casi infalibles para detectar mentiras, percibir emociones o anticipar conductas.

Sin embargo, aunque algunos estudios han explorado diferencias promedio en procesamiento emocional, percepción social o toma de decisiones entre hombres y mujeres, especialistas advierten que estos fenómenos son mucho más complejos de lo que suelen mostrar las tendencias digitales.

En esa línea, el Dr. Ariel Ávila, académico de la Facultad de Medicina de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (UCSC), explicó que cuando se habla de “intuición femenina”, probablemente se está observando una combinación de factores biológicos, experiencia personal y construcción sociocultural.

“Hay diferencias promedio en procesamiento emocional, sensibilidad a señales sociales o percepción de riesgo, pero esas diferencias son estadísticas, no reglas absolutas. Además, experiencia, aprendizaje y contexto social moldean muchísimo cómo se expresan esas capacidades”, sostuvo.

El especialista enfatizó que uno de los principales problemas actuales es transformar estas diferencias promedio en explicaciones deterministas sobre el comportamiento humano. “El problema aparece cuando desde ahí se da un salto exagerado hacia ideas tipo ‘las mujeres tienen un sexto sentido’ o ‘los hombres están biológicamente diseñados para X’. Ahí ya entramos más en narrativa cultural que en evidencia sólida”, afirmó.

Neurobiología

Desde la neurobiología, el académico indicó que sí existen bases biológicas reales asociadas a diferencias promedio entre hombres y mujeres. Durante el desarrollo prenatal, hormonas sexuales; como la testosterona y el estradiol influyen en la organización y maduración de circuitos neuronales, generando ciertos patrones diferenciados en conducta, motivación o regulación emocional. “Existen regiones sexualmente dismórficas y eso tiene efectos reales sobre conducta sexual, identidad sexual, motivación, regulación emocional y ciertas tendencias conductuales promedio. Eso es biología básica del desarrollo”, indicó.

A nivel cerebral, precisó que procesos asociados a la intuición y toma de decisiones involucran estructuras presentes en todas las personas, como la amígdala, la ínsula y la corteza prefrontal, además de redes vinculadas al procesamiento emocional.

“Las hormonas modulan esos sistemas, sí, pero no funcionan como interruptores simples que expliquen conductas complejas por sí solos”, añadió.

El académico también explicó que ciertas diferencias conductuales han sido observadas en otras especies, incluso sin influencia cultural humana directa. “En múltiples especies existen conductas sexualmente diferenciadas incluso en ausencia de aprendizaje cultural humano. Por ejemplo, en primates se han observado diferencias espontáneas en preferencias de juego entre machos y hembras”, comentó.

Sin embargo, aclaró que estos hallazgos no deben interpretarse de manera reduccionista. “Eso no significa que exista un ‘gen de los autos’ o un ‘gen de las muñecas’, pero sí sugiere que ciertas predisposiciones conductuales pueden tener componentes biológicos reales”, puntualizó.

Finalmente, el Dr. Ávila reflexionó sobre el desafío de comunicar neurociencia en tiempos de contenidos rápidos y virales. “Muchas veces se mezclan resultados reales con estereotipos culturales y se termina vendiendo una versión muy simplificada de cómo funciona el cerebro humano”, concluyó.

Ver comentarios
Los comentarios son moderados para garantizar un diálogo respetuoso.