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Basta de tratarlos como niños

Basta de tratarlos como niños
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En las últimas semanas hemos seguido con atención la irrupción de algunos jóvenes futbolistas que invitan a la ilusión. Damián Pizarro, Renato Cordero y fundamentalmente Alexander Aravena han iluminado los ojos de los aficionados, ávidos de nuevas joyas para nuestro alicaído balompié, y también de algunos dirigentes, que ya se frotan las manos con potenciales negocios a corto plazo. Sin ir más lejos, el propio presidente de Blanco y Negro, Alfredo Stowing, se atrevió a vaticinar que el primero de los nombrados será “un nuevo ídolo del club”, con menos de 90 minutos en Primera División en su corta carrera.

Expectativas más, expectativas menos, lo cierto es que la aparición de un futbolista distinto o mejor que el promedio, genere un lógico debate. Y surjan de inmediato los habituales cuestionamientos. ¿Estará preparado? ¿Cuánto tiempo durará en Chile? ¿Soportará la presión del medio? Preguntas que en el último tempo se han quedado en el aire o directamente en el tacho de la basura con las potenciales nuevas joyas de la corona, porque en definitiva prácticamente nadie confirmó en el campo profesional lo que insinuó en las canchas auxiliares de sus clubes.

Pero más allá de si finalmente terminarán consolidándose con alguna camiseta, lo que no cambia en cada uno de estos casos es la sobreprotección que se establece sobre cada uno de estos futbolistas por parte de las instituciones y sus circunstanciales representantes. Y por qué no, de los propios medios de comunicación que exageran elogios con pequeños destellos.

Pero lo de los clubes y agentes resulta llamativo. Es como un manual ya establecido. Basta con que hagan un gol a corta edad para esconderlo como si tuviese una enfermedad contagiosa. Cuando los ejemplos sobran en países vecinos, de jóvenes promesas sometidos permanentemente a exigencias futbolísticas y mediáticas todas las semanas, sin hacer distinción con los mayores, acá seguimos pensando que lo mejor es ponerles una mordaza y ojalá se sepa cada vez menos de ellos. Como si esa receta hubiese traído grandes resultados en el pasado reciente.

Es habitual escuchar en quienes velan por sus “intereses” que prefieren alejarlos de los medios de comunicación, en vez de darles las herramientas para saber enfrentar justamente a quienes serán sus compañeros de ruta por muchos años. Mejor es tratarlos como “niños” para así tener mayor injerencia en sus decisiones antes que prepararlos efectivamente para el mundo real. Total, una vez hecho el negocio, el “chico” tendrá que arreglárselas solo

Como si se los instalara dentro de una burbuja, las jóvenes promesas son alejados del mundo exterior para no verse “afectados”. Como si aquello fuese la solución de todos los males de la formación que reciben en sus clubes y de los eventuales consejos de sus empresarios. La cantidad de promesas que se quedaron en el camino sin siquiera haberlos visto jugar en nuestra Primera División es llamativa en los últimos años. Y a nadie parece importarle lo que sucedió con ellos.

Mientras el resto del mundo futbolístico aplaude a rabiar a estrellas de 18, 19 o 20 años, acá en Chile se los sigue llamando “chicos” a los cuales hay que esperar y cuidarlos, ojalá con la menor competencia posible. Ojalá que Pizarro, Cordero y Aravena no permitan vivir en esa burbuja. Para que después, en un abrir y cerrar de ojos, con 25 años se den cuenta de cuánto tiempo desperdiciaron en sus carreras por ser tratados como “niños”.

Cristian Caamaño, Periodista de Deportes en Agricultura

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