Columnas de Opinión

Chile, ¿un Estado fallido?

Chile, ¿un Estado fallido?
Referencial

Con la caída de la Unión Soviética y el fin de la guerra fría, muchos países denominados “satélites”, quedaron subsumidos en un vacío de poder que, junto al fin de las ayudas económicas de las grandes potencias, llevó a un nivel altísimo de caos, anarquía y miseria en estas naciones. En base a este fenómeno se acuñó el término de Estado fallido.

En lógica del sociólogo Max Weber, podríamos decir que un Estado fallido es aquel que, de alguna forma perdió el monopolio de la fuerza legítima. Otros elementos comunes de los Estados fallidos son la incapacidad para controlar el territorio, la falta de autoridad o la incapacidad para satisfacer las necesidades de sus habitantes.

Poner a Chile en esta categoría puede parecer una exageración si ésta incluye a países como Yemen, Siria o Haití; no obstante, no se puede desconocer que a lo largo de Chile se viven situaciones que parecieran ser los primeros síntomas de un Estado fallido, tales como la violencia en ciertos barrios de las grandes ciudades, la situación crítica en la zona norte, y, sobre todo, el terrorismo en la macrozona sur.

En particular, en la Región de La Araucanía hay localidades donde el Estado no puede ingresar como es el caso de la comunidad Temucuicui en la comuna de Ercilla, donde hace un año, guerrilleros recibieron con disparos a la entonces ministra del Interior, Izkia Siches. Misma comunidad cuyo líder amenazó con un “levantamiento” y la “radicalización de la lucha” en febrero de este año.

También es posible identificar otros síntomas de Estado fallido en dicha región. En materia educativa, existen sectores de la comuna Victoria donde no quedan escuelas en pie luego de haber sido quemadas por terroristas. En la arista de seguridad, también vemos el fracaso del Estado considerando que decenas de familias de pequeños agricultores deben vivir (literalmente) con carabineros o con ex militares contratados dentro de sus casas para no perder sus hogares o sus vidas.

Con el segundo proceso constituyente tenemos la posibilidad de avanzar en corregir estos vicios. Sin embargo, también existe el peligro de recaer en una lógica refundacional como la que vimos en el primer proceso que podría ser suficiente para precipitar a nuestro país a la categoría de Estado fallido.

Podemos enorgullecernos de ser de los países más ricos y democráticos de latinoamérica pero mientras sectores de nuestro país viven entre toques de queda, escuelas e iglesias quemadas, guerrillas y militares pareciera que estamos más cerca de un Estado fallido que de uno exitoso.

Luis Fernando Mackenna. Investigador Instituto Res Publica

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