Columnas de Opinión

Disyuntiva presidencial

Disyuntiva presidencial
Presidente Boric

En el último tiempo, Gabriel Boric ha estado figurando internacionalmente tanto por sus viajes como por sus comentarios, sea respecto del surgimiento de la “extrema derecha” en Europa, o del hito 1 en tierra del fuego. Sin embargo, en Chile han sido más notorios los dichos que a él le han dirigido otros mandatarios: lleva ya una larga lista de chascarros diplomáticos que vuelven particularmente sensible su imagen internacional.

Entre los mensajes dirigidos contra nuestro Presidente, el que más llama la atención estos días es el que ofreció el gobierno Venezolano. Y es que, sea por falta de una crítica directa o por evidente cercanía, da la impresión de que hasta el momento el Frente Amplio y el Partido Comunista habían sido más bien cercanos a esa dictadura. Los dichos de varios miembros del gobierno, tanto en eventos en Caracas, así como a través de “x”, hacen dudar de las credenciales democráticas de la coalición que nos gobierna, y de si genuinamente pueden desmarcarse de su cercanía con Maduro.

El gobierno venezolano  ha sido internacionalmente reconocido como una dictadura, que no solamente apresa injustamente opositores sin causa alguna, sino que además tiene sumidos, por mera voluntad de poder, a sus ciudadanos en la más absoluta pobreza. Y esta pobreza no es casualidad, sino consecuencia de un gobierno que dirige con ideas que corroen la institucionalidad, socavan la libertad, y atentan contra la primacía de la persona, convirtiendo al Estado en un fin en sí mismo. Por un lado, el régimen bolivariano no cree en la democracia; por otro, no cree en la dignidad humana. Y pues, actuaron en consecuencia.

Es posible ver, entonces, que la coalición de nuestro Presidente se encuentra dividida en dos. Por un lado, los que congruentemente con su ideología son afines a esa dictadura que protege a los corruptos, que iguala a todos en la pobreza, y busca al Estado como fin en sí mismo; y los que, por otro lado, condenan a regañadientes ese gobierno que alguna vez defendieron. Vale recordar, sin embargo, que tanto el Frente Amplio como el gobierno de Venezuela comparten varios puntos de su agenda. El más emblemático de ellos, la reforma educacional, realizada en Venezuela en 2009, con un antecedente en la Constitución de 1999; comparte sustancialmente los principios que orientaron la reforma educacional del gobierno de Bachelet, promovida por el Frente Amplio.

Dado lo anterior, si decide marcar distancia con el régimen autoritario de Caracas no le va a bastar con establecer la necesidad de elecciones libres, sino que deberá promover una agenda cualitativamente superior, que ampare, proteja y promueva a la persona humana, y que no atrofie la sociedad en favor del crecimiento del Estado. Si bien nuestro Presidente puede afirmar lo primero, existen dudas respecto de lo segundo. 

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