El lunes 3 de abril, hace sólo un par de días, la ministra de Medioambiente anunció que una “pata” de la reforma tributaria del Gobierno no había sido presentada, y que se trataba de los llamados “impuestos correctivos”. En esta línea, confirmó que la propuesta estaba prácticamente lista y que incluía el aumento del impuesto específico a los combustibles que existe en nuestro país.
Por supuesto, se trata de una propuesta que no debería sorprender. Ante cada problema público, la izquierda suele proponer subir los impuestos o crear una repartición estatal (de preferencia un ministerio). Felizmente, la propuesta en concreto recibió la crítica de la oposición, de parlamentarios oficialistas y de gremios del transporte. La crítica era razonable: el alza de dicho impuesto implicaría, necesariamente, un aumento en el precio de los combustibles para todos los chilenos que viven y trabajan gracias a sus distintos medios de transporte.
Como es habitual en un gobierno cambiante y veleidoso, a las pocas horas se compartió una declaración pública que “desmintió” o “corrigió” el anuncio de la ministra. La decisión de cualquier alza de impuestos era facultad del Ministerio de Hacienda y no de Medio Ambiente. En paralelo, el ministro de Agricultura (del mismo gobierno, sí, el del Presidente Boric) defendió la idea de subir el impuesto. Mientras una parte del Gobierno descartaba la decisión, otra cartera la justificaba.
Una vez más, el gobierno cae en su trampa de anuncios, disculpas, rectificaciones y justificaciones. Los afectados son los mismos de siempre: los chilenos que no saben si pueden confiar en que el costo de vida vaya a reducirse, o al menos no subir artificialmente por la obsesión impositiva de las autoridades. ¿Justicia tributaria? ¿Seriedad? Nada de eso está en los planes del Gobierno. Sus ideas, propuestas y posiciones políticas cambian con el viento, según el ambiente de cada día o de acuerdo a lo que digan las encuestas.
Las reformas tributarias son un tema muy importante. Lamentablemente, en nuestro país pareciera que “Reforma Tributaria” es sinónimo de subir impuestos, jamás de bajarlos. El Gobierno pretende hacerlo por partida triple: crear impuestos anti inversión y empleo en su reforma tributaria, añadir un impuesto adicional al trabajo del 6% con su reforma de pensiones estatista, y aumentar el impuesto a los combustibles. Desde la derecha tenemos el deber de trabajar por una carga tributaria justa, equitativa y razonable, respetuosa del fruto del trabajo de las personas y que permita y fomente el crecimiento económico y el progreso social. Eso implica decir con transparencia y sensatez que creemos que lo mejor para Chile es bajar los impuestos y no seguir subiéndolos como en las últimas décadas.
Tomás Bengolea L., conductor “Nuevas Voces” de Agricultura