La semana pasada, la Federación Internacional de Administradoras de Fondos de Pensiones (FIAP) publicó un informe en que se busca analizar las causas detrás del bajo nivel de ahorro previsional en Latinoamérica. Para comprender el impacto de los datos que este estudio provee, es necesario distinguir entre aquellas causas que afectan el ahorro y que se explican dentro del contexto del mercado laboral, y aquellas que, en cambio, producen efectos negativos sin enmarcarse en este mercado.
Es sabido que uno de los grandes males que afecta el empleo en Chile es el nivel de informalidad laboral existente. Desde luego, los altos niveles de informalidad, sumado a la rotación constante de los trabajadores entre la formalidad y la informalidad, así como entre desempleo, ocupación, e inactividad no pueden sino afectar nuestro programa de seguridad social. Las cifras son claras: según datos de la Subsecretaría de Previsión Social, los períodos de desempleo, inactividad y ocupación informal o independiente representan el 50% de la vida laboral de los hombres, y el 71% en el caso de las mujeres. En cuanto a la informalidad laboral, Chile tiene una tasa equivalente al 27%. Estos datos son especialmente preocupantes si se toman en consideración los efectos que producen en la cotización: a menor formalidad laboral, menor cotización previsional, y, por tanto, pensiones más bajas.
Ahora bien, el análisis de las causas fuera del propio mercado laboral resulta especialmente interesante. Según el informe de la FIAP, el diseño de la Pensión Garantizada Universal (PGU) – que sustituyó el Pilar Solidario establecido en la reforma de pensiones del año 2008 – se constituye como un desincentivo a la cotización previsional. En efecto, se afirma que el acceso a una pensión subsidiada produce efectos sobre la oferta de trabajo por parte de sus beneficiarios, lo que genera, en definitiva, una disminución de las tasas de participación laboral por parte de los distintos hogares. Se espera, pues, una “menor participación en la fuerza laboral a edades mayores y una menor participación laboral de los sectores cubiertos por los beneficios”, disminuyendo la densidad de la cotización.
Es claro que, frente a la discusión sobre cómo mejorar las pensiones, es necesario tener en mano los datos que revelan cuáles son los principales males que dañan el sistema: la informalidad laboral, y su consecuencial baja densidad de cotización, y la recepción de pensiones contributivas que dañan la participación laboral y desincentivan la cotización, afectando, ciertamente, las pensiones que reciben todos los chilenos.
Diego Abuauad, investigador Instituto Res Publica.