El reconocido actor chileno Francisco “Pancho” Melo dialogó en “La Cultura en Portada”, podcast de La Máquina, sobre sus inicios en la televisión.
Y soltó una anécdota que pocos conocían: su primer trabajo en TV fue en “Cachureos“, interpretando a Jesús, y su paga no fue en dinero, sino en un singular objeto.
Lejos de ser una anécdota menor, ese momento condensa algo que atraviesa toda su carrera: la precariedad inicial, la incertidumbre constante y una vocación que no responde a la lógica.
Porque Francisco Melo no estaba destinado —al menos en apariencia— a ser actor. Venía de la ingeniería, del mundo práctico, de “arreglar cosas”.
“Yo no pensaba ser actor. Nunca estuvo en mi imaginario”, admite.
El cambio no fue progresivo ni planificado. Fue abrupto, casi inexplicable. “Siento que algo me golpeó el hombro y me dijo: ‘no es por acá'”.
Del rechazo al oficio
Si hay algo que el actor desmonta rápidamente es la idea del talento como camino directo al éxito. Su entrada a la televisión fue más bien una seguidilla de frustraciones.
“Iba a casting y no quedaba… y no quedaba”, relata.
En paralelo, hacía de todo: clases, teatro, trabajos esporádicos. Un escenario que, según reconoce, sigue siendo la norma para la mayoría de quienes optan por el arte en Chile.
“Ser artista en Chile es difícil… yo soy una excepción a la regla”, afirma.
La crisis de TVN
Melo también abordó la crisis del canal público. “No siento que nos hayan abandonado… pero sí hubo decisiones equivocadas y cambios estructurales”, reflexionó.
Y agregó: “La muerte del equipo de ‘Buenos Días a Todos’ marcó un punto de inflexión… algo se quebró”.
El problema, para él, no es solo interno. Es también cultural y tecnológico: el público cambió, los hábitos cambiaron y la televisión dejó de ser el centro.
El fenómeno “Padrino”
Sobre su viralización como “El Padrino”, un fenómeno que nunca buscó, Melo confesó: “Yo no sabía que existían esos videos… y de repente era el padrino”.
Su entrada a TikTok fue estratégica para potenciar la promoción de la película “Oro Amargo”, pero el resultado superó cualquier expectativa.
“Funcionó mejor de lo que imaginábamos… me abrió un mundo nuevo”, dijo, reconociendo también la exigencia constante de generar contenido. “Es como alimentar un monstruo que siempre pide más”.
El sentido del arte
En medio de todos los cambios, Pancho Melo vuelve siempre a una idea central: “El objetivo del arte es conmover, remover, generar discusión”.
“Si después de ver algo no te pasa nada, entonces algo falta”, sentenció.