Julio César Rodríguez acaba de develar los motivos detrás de una de las decisiones más comentadas de la televisión chilena.
En su primera entrevista como director de programación de Chilevisión, concedida a The Clinic, el periodista se sinceró sobre por qué eligió rechazar una tentadora oferta de Mega para quedarse en la casa televisiva que lo vio crecer.
La confirmación de su permanencia en CHV el pasado 1 de julio puso fin a semanas de intensos rumores que lo vinculaban al matinal de Mega, Mucho Gusto, donde incluso Karen Doggenweiler y José Antonio Neme jugaron con la posibilidad en pantalla.
Sin embargo, tras más de tres meses en el cargo, Rodríguez explicó que su decisión final se basó en algo más profundo que lo económico.
La épica y el cariño que pesaron más que una oferta millonaria
“Aceptar ser director de programación era aceptar un desafío de una épica, de un canal que quiero mucho, con gente con la que me relaciono desde hace muchos años”, señaló el conductor de Primer Plano como la razón principal de su elección.
Destacó el ambiente único que se vive dentro del canal, explicando que “el canal tiene una vida interna que es muy particular, es bien distinto. Todos se conocen muy bien, como que está el pasilleo”.
Aunque reconoció abiertamente el valor que Mega depositó en su talento, afirmando que “yo tenía una oferta muy buena de Mega, que agradezco hasta hoy, porque me valoraba mucho. Ponía en perspectiva mi trabajo como animador. También como realizador, por mi trabajo con Yuly, mi canal de streaming. Y también como una persona que iba a opinar de televisión”, fueron finalmente los lazos humanos los que inclinaron la balanza.
La visión de una televisión con vocación popular
Rodríguez confesó que en su decisión final “operó este cariño por mis compañeros y por esta épica que podíamos tener. Tenía mucha fe en que le podíamos dar una impronta distinta al canal”.
Esa impronta, según detalló, tiene una clara dirección: “generar contenidos que realmente hagan eco en la gente más sencilla de Chile”.
El director de programación fue más allá en su filosofía televisiva, afirmando con convicción que “creo que la televisión es para gente sencilla, y no hablo de plata”.
Incluso se atrevió a criticar sutilmente la industria, señalando que “de repente, en la televisión, yo veo que hacer televisión es trabajar para las marcas, para los avisadores o para los gustos personales, que son mucho más sofisticados”.
Frente a esto, propuso una alternativa clara: “Pero yo sí creo en una televisión con vocación popular, sencilla, entretenida, llena de color y que sea muy heterogénea”.