El exfutbolista Kike Acuña volvió a estar en el foco mediático tras su participación en el programa “Podemos Hablar”, donde conversó con Diana Bolocco.
Acuña lanzó recientemente su libro “Mi historia”, donde revela pasajes desconocidos de su vida, marcados por decisiones impulsivas y un estilo de vida lleno de excesos.
Durante la entrevista, el exjugador sorprendió al confesar que salió de fiesta durante 364 días seguidos en un año. ¿Y el día 365? También celebró, pero en casa. “Carreteé igual, pero en el departamento, no salí. Carreteaba día y noche, una mesa de 30 personas, gasté mucho dinero”, reveló.
En ese contexto, explicó que en una ocasión llegó a pagar $2.800.000 solo por una cuenta de almuerzo, demostrando el nivel de despilfarro que vivía por esos años.
“Carreteaba día y noche”: Kike y sus excesos
Una de las declaraciones más llamativas fue que regaló 7 casas a amigos, quienes, con el tiempo, le dieron la espalda. A eso se suma una revelación aún más impactante: “Llegué a pagar pensión de alimentos de amigos para que pudieran ver a sus hijos”.
Acuña asumió toda la responsabilidad de sus actos. “El responsable siempre fui yo, a mí nadie me puso una pistola en la cabeza para pagar una cuenta, invitar a mis amigos o salir todos los días”, explicó.
Admitió que el alcohol fue un factor determinante. “Cuando ya el alcohol se empezó a transformar en un problema se me escapó de las manos. Yo abusé mucho de mi capacidad física para salir y después entrenar”, reconoció.
Minions y tatuajes: una noche para el olvido
Uno de los episodios más insólitos ocurrió durante su paso por Cobresal. Tras una noche de fiesta, despertó con dos tatuajes de Minions en sus muslos, sin saber siquiera qué eran.
“Hasta hace 2 años atrás no tenía idea qué eran los Minions”, confesó. Para esa locura, llamó a un amigo tatuador desde Rancagua hasta El Salvador, con el objetivo de tatuar a todo el equipo.
“En ese carrete despierto al día siguiente con esas dos cosas en las piernas, uno en cada lado, y no tenía idea de lo que era”, contó.
Pero no terminó ahí. Kike también relató que él mismo terminó tatuando a su compañero Pablo ‘Mota’ González en el ombligo. “Pesqué la maquinita y lo tatué”, cerró entre risas.