Lo que comenzó como un viaje rutinario terminó convertido en una pesadilla que aún no termina. Macarena Tondreau revivió este viernes en Contigo en la Mañana los episodios que marcaron su vida desde aquella tarde de febrero cuando un grupo de delincuentes la interceptó junto a su hija.
El relato fue pausado, pero las imágenes que describió fueron brutales. Los asaltantes las encañonaron. Ella pensaba en su hija. La niña, un blanco fácil para un adolescente de 13 años que empuñaba un arma más grande que él, drogado, con los nervios al límite.
“Tuvimos la suerte de que no se le arrancó un balazo “, dijo Maca. La frase resume la fragilidad de ese momento.
Las consecuencias que no se ven
El asalto dejó marcas que no cicatrizan con facilidad. Su hija menor estuvo dos semanas con crisis de pánico. “Eran gritos, en la noche, en el día, a cada rato “, contó. La niña hoy tiene miedo de salir. Le pidió a su madre no ir a la playa. Se siente prisionera en su propia casa.
La otra hija, la mayor, perdió a Toti, la perrita que fue su apoyo emocional en momentos difíciles. La mascota murió durante el asalto.
Y Maca, que trató de seguir adelante, de no detenerse, de “apurarlo”, terminó con el cuerpo pasándole la cuenta. Un mes después, sintió un calambre extraño en la cara. Se miró al espejo y no se reconoció.
“Era literalmente, la cara derretida de un lado. Mi ojo caído 100 por ciento. Mi cara abajo “, relató.
La parálisis que llegó después
Los médicos le diagnosticaron una parálisis facial por inflamación del nervio. El estrés postraumático que intentó ignorar estalló de la forma más evidente.
“No me hagan decir ‘mamá’ porque me sale chueco “, dijo entre risas que no logran disimular la molestia. Aún tiene calambres diarios, escucha menos de un lado, ve un poco menos. Pero lo físico, asegura, ya es menos visible.
Lo que queda es más difícil de tratar. La rabia, el miedo, la sensación de vivir en una selva donde hay que defenderse constantemente.
Terapia para sanar
Maca se ha sometido a terapia MDR, especializada en duelos y crisis puntuales. También hace ejercicios para recuperar el movimiento de su rostro.
Pero el tiempo no alcanza. Hay que cuidar a las hijas, trabajar, levantarse cada día. “La frase más estúpida que uno dice es que ‘tienes que seguir avanzando’ porque lamentablemente es así, pero no se pasa. Uno aprende a vivir con eso “, reflexionó.
A pesar de todo, aseguró que no se dejará encerrar. “No me van a dejar encerrada en mi casa y voy a seguir luchando “, cerró.