Desde Roma, y con el cielo vaticano como telón de fondo, Mónica intentaba relatar lo que ocurría en la Plaza de San Pedro. Pero el instante la superó. Apenas comenzaba a hablar, su voz tembló: “Bueno, te tengo que decir que también estoy emocionadísima de poder ver esto…”.
En medio de aplausos, campanadas y vítores, la periodista reconoció el ambiente sobrecogedor que se vivía entre los asistentes y los propios reporteros.
“Nos abrazábamos nosotros, que somos periodistas. Porque de verdad que es una sensación muy emotiva, contagiosa”, relató, sin ocultar sus lágrimas.
Con profesionalismo, pero también con humanidad, Mónica continuó con su despacho.
“Las lágrimas también salen por los ojos nuestros, no solamente del Papa”, agregó, provocando una ola de mensajes de apoyo en redes sociales.
Un nuevo capítulo en la historia de la Iglesia
La fumata blanca, que se asomó minutos después del mediodía en Chile, confirmó que el Cónclave finalmente había elegido a un nuevo Pontífice: el estadounidense Robert Prevost, quien asumirá bajo el nombre de León XIV.
Este hecho histórico quedará grabado no solo por su significado religioso, sino también por la forma en que una periodista chilena lo vivió con el corazón en la mano, recordándonos que incluso quienes están detrás del micrófono también sienten.