Esta tarde se estrena en Agricultura TV un nuevo episodio de “Espacio Libre”, instancia donde expertos abordarán los temas más importantes de la contingencia a través de videocolumnas.
En este espacio, los destacados profesionales analizarán en profundidad distintos aspectos de la política y actualidad nacional e internacional, entregando perspectivas nuevas sobre los hitos que marcan el día a día.
Las columnas se estrenarán todos los lunes, miércoles y viernes a las 20:00 horas a través del canal de YouTube de Agricultura TV.
En esta edición del Espacio Libre, el profesor investigador de Faro UDD, Álvaro Vergara, analiza el rol que podría jugar Estados Unidos en un eventual cambio de régimen en Venezuela.
Álvaro Vergara en Espacio Libre: “¿Intervención militar en Venezuela?”
En el debate presidencial de la semana pasada, les preguntaron a los candidatos presidenciales si estaban de acuerdo con una intervención militar en Venezuela. Ante la pregunta, solo Johannes Kaiser y José Antonio Kast dijeron que sí. Kaiser sostuvo que le apoyaría y Kast aclaró que daría su apoyo político, pero que no enviaría tropas chilenas.
Más allá de la discusión de si el presidente chileno debe involucrarse directamente en este asunto, quiero posar la pregunta de si es justo que una intervención militar saque del poder a Maduro y sus colaboradores. Yo creo que sí, y lo intentaré justificar a través de una disposición clásica que todos tenemos frente a gobiernos ilegales e ilegítimos, el derecho a la rebelión. ¿En qué consiste este derecho? Es un recuerdo que tienen los ciudadanos para despojarse del gobierno injusto que incumple su fin principal que es proteger la paz y la armonía de la comunidad política.
Cuando el gobernante desvía al gobierno para sus propios intereses y oprime al pueblo, la ciudadanía puede legítimamente terminar con el gobierno injusto e incluso asesinar al tirano. Esto suena fuerte, pero está sustentado desde hace siglos en el pensamiento filosófico clásico. Naturalmente esto no se trata de llegar y de asesinar a cualquier gobernante, lo importante es que antes de proceder se cumplan algunas condiciones.
Solo cuando estas concurren, el pueblo puede ejercer el derecho a la rebelión y siempre como última instancia, y nunca contra gobernantes electos democráticamente ni que respeten el Estado de Derecho. El filósofo Francisco Suárez estableció cuatro requisitos para ejercer este derecho. Primero debe existir un gran perjuicio contra los intereses más importantes de la comunidad.
Segundo, se deben haber agotado todos los medios pacíficos y legales existentes para frenar la tiranía. Tercero, los medios deben tener la suficiente fuerza para que el resultado sea favorable. Y por último y la más importante, si el futuro gobierno debe tener solo por objetivo restaurar el orden legítimo.
Teniendo en cuenta estas afirmaciones, hagamos un recuento y relacionémoslo con Venezuela. Nicolás Maduro es un usurpador. El año pasado no solo se robó las elecciones a la vista de toda la comunidad internacional, sino que en 2017 convocó una asamblea constituyente sin consultar al pueblo para así gobernar a través de ella.
A través de ese órgano controló todo el poder, porque allí no había nada de oposición. En el Congreso el panorama no es mejor. Un 90% de los escaños pertenecen al Partido Socialista Unido de Venezuela.
En otras palabras, Maduro ha utilizado todo el poder fáctico del gobierno para mantenerse apernado en el poder. Pero esto es mucho más que eso. El régimen venezolano no solo destruyó la libertad política y el Estado de Derecho, sino que también ha dañado de manera directa e indirecta a su población.
Según la ONG Foro Penal, en noviembre de 2024 había 2.000 detenidos políticos en Venezuela, el número más alto registrado en el siglo XXI. Asimismo, Amnistía Internacional documentó alrededor de 15.700 detenciones arbitrarias por parte del régimen. Estos son los ataques directos, pero también hay otros indirectos que incluso pueden resultar mucho más destructivos.
Hoy en Venezuela 6,5 millones de personas padecen de hambre crónica, y un 74,3 de la población perdió un promedio de 8,7 kilos los últimos años. Por otro lado, se registra que 7,7 millones de personas han abandonado el país por los motivos mencionados. El régimen está vaciando el territorio de su propia gente y nadie pretende renunciar.
El problema es que el derecho a la rebelión por parte del pueblo venezolano es difícil de conseguir. Maduro sigue controlando al ejército. Ellos son los únicos que comen y viven bien en Venezuela, y también es la única esfera del Estado que ha seguido creciendo y aumentando su poder de fuego.
Como el pueblo desarmado no puede rebelarse contra los tanques, es legítimo que sea otro país o una organización internacional quien intervenga ahí. La única condición es que sea con el único objeto de reponer las condiciones institucionales que luego permitan la democracia. Chile en ese sentido está directamente involucrado.
Hemos recibido más de un millón de venezolanos y eso ha generado efectos en todos los niveles del país. Diferentes consecuencias culturales, de convivencia, laborales han tenido lugar en los últimos años con la masiva inmigración. Y aún así hay otros factores geopolíticos que quizás vale la pena incorporar.
¿Es conveniente que Latinoamérica tenga un satélite iraní? ¿Cuánto tiempo más aguantaremos que Maduro incentive la exportación de drogas a la región que vacía sus cárceles, y que incluso intervenga directamente en nuestro país, como tal vez lo hizo en el asesinato de Ronald Ojeda? Pienso que, si el pueblo venezolano no puede despojarse del yugo de Maduro y sus cómplices, la acción militar de Estados Unidos es una opción a considerar seriamente. Creo que incluso puede suceder con justificación. Si Maduro sigue en colusión con carteles de narcotraficante y estos siguen ingresando drogas a Estados Unidos, el país del norte podrá despojarlo del poder amparado en el derecho a la legítima defensa.
Desde luego Estados Unidos tiene experiencias mixtas en sus intentos de cambio de régimen y consolidación democrática, pero el deterioro provocado por el régimen ha sido tan grave y el sufrimiento ha sido tanto, que este tipo de recursos ya no resultan descabellados. Para la seguridad de todos los países de la región, Maduro debe ser despojado del poder.