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En este espacio, los destacados profesionales analizarán en profundidad distintos aspectos de la política y actualidad nacional e internacional, entregando perspectivas nuevas sobre los hitos que marcan el día a día.
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En esta edición del podcast contamos el cientista político de Libertad y Desarrollo, Jorge Ramírez, quien propone una reforma clave al sistema electoral.
Jorge Ramírez en Espacio Libre: “Sistema electoral: Urge reformarlo”
El sistema electoral de un país es una pieza fundamental para su desarrollo, porque impacta directamente en la estabilidad política, en la gobernabilidad y en la calidad de la democracia. Chile cambió su sistema electoral el año 2015. Trancurría el segundo gobierno de la expresidenta Michelle Bachelet.
Eran tiempos del apogeo de la retroexcavadora. ¿Lo recuerdan? Las fuerzas políticas del oficialismo, lideradas en el Congreso por el ex titular de interior Rodrigo Peña y Lillo, junto a toda la bancada de la izquierda y la centro-izquierda, y también algunos sectores de centro-derecha liberal, permitieron modificar el sistema electoral, celebrando el hito como un gran acontecimiento histórico.
Así pasábamos desde el sistema electoral binominal, en el cual se escogían 120 diputados en 60 distritos, dos diputados por cada uno de esos distritos, a un nuevo sistema, donde pasamos a escoger 155 diputados en 28 megadistritos, en una cifra variable entre 3 y 8 diputados por cada una de las unidades electorales, y también se aumentó el tamaño del Senado, de 38 senadores a 50 senadores.
La idea en matrices detrás de este cambio a la fórmula electoral eran las siguientes. En primer lugar, se prometía que se le daría al Congreso Nacional mayor fortaleza y prestancia de la que se merecía en ese momento, al ser este nuevo órgano supuestamente mucho más representativo de todas las grandes corrientes políticas que primaban en el país. En segundo lugar, se señaló que no se prohíba producir mayor fragmentación en el sistema político, y en último lugar, se señaló que esta reforma sería a costo cero, es decir, no implicaría un mayor costo fiscal.
Mentiras, porque en primer lugar sí se produjo mayor fragmentación. Miremos los datos. Desde el año 1989 al año 2013, habíamos tenido un promedio de 7 partidos políticos en la Cámara de Diputados.
Sin embargo, tras la reforma electoral del año 2015, el número de partidos políticos presentes en la Cámara aumentó automáticamente después de la reforma a 16, para luego en el año 2021 incrementarse hasta la cifra de 21 partidos políticos. Sí, como escucha, en la actualidad hay más de 20 partidos políticos en la Cámara de Diputados. Por cierto que ninguna democracia robusta en el mundo funciona con esa gran cantidad de partidos políticos, menos aún las democracias de carácter presidencialista como la nuestra.
En segundo lugar, la imagen pública y la reputación del Congreso Nacional tampoco han mejorado. Por el contrario, el populismo, la demagogia y la falta de rigor para tramitar los proyectos de ley campean por los pasillos de nuestra legislatura, y en las encuestas de aprobación o de confianza en el Congreso, esta institución no logra superar el 3 o el 4 por ciento, una cifra que desde el punto de vista estadístico no es indistinta del propio margen de error muestral de estos estudios. La reforma, por cierto, tampoco fue a costo cero.
La Biblioteca del Congreso Nacional estimó en su momento que el costo de aumentar el número de parlamentarios de 120 diputados a 155 senadores implicaría una suma de 13.000 millones de pesos anuales. Finalmente, tampoco mejoró la representatividad, porque en actualidad, 60 diputados, que equivalen aproximadamente al 40 por ciento del total de los miembros de la corporación, han sido electos con votaciones iguales o menores al 5 por ciento de los votos, e incluso hay algunos parlamentarios que han sido electos con votaciones del 1 por ciento de los votos válidamente emitidos.
Además, existen otros factores que también han abonado a este proceso de fragmentación, como la puesta en marcha de un robusto esquema de financiamiento público a la vida política, donde cada partido recibe trimestralmente un suculento cheque para financiar sus actividades corrientes.
Además, los requisitos para conformar partidos son extremadamente laxos, transformándose este giro en un auténtico mercado de pymes políticas. En el debate se han propuesto algunas soluciones a este problema, como por ejemplo establecer un umbral del 5 por ciento de los votos para que solo los partidos que logren superar esta barrera puedan acceder a la representación parlamentaria. También se ha planteado la idea de elevar los requisitos para constituir partidos o acotar el financiamiento público solo para los partidos que tengan representación en el Congreso.
Algunas de estas medidas podrían ser un aporte, otras son más controvertidas, pero no van a resolver el problema de fondo. Porque ¿cuál es el problema? El problema es el elevado número de diputados que se eligen por distrito. Si tuviéramos un sistema electoral de carácter mayoritario donde en cada distrito se escogieran menos diputados, estos serían realmente representativos de las corrientes de opinión del país.
Disminuiría el número de partidos políticos presentes en la Cámara de Diputados, sería más fácil arribar a buenos acuerdos para el país y probablemente mejoraría la calidad de la legislatura. Ya no habrá reforma electoral durante el actual gobierno, no hay voluntad política. Los partidos chicos que se han beneficiado por el sistema y otros partidos que hábilmente han sabido jugar de manera eficiente con las reglas del juego, como el Partido Comunista, que dicho sea de paso multiplicó por 4 en 12 años su representación parlamentaria, han sido explícitos y tajantes al señalar de que no aceptarán ningún tipo de cambio a la fórmula electoral.
Entonces, el futuro gobierno que probablemente será de la oposición, debe tomar el toro por las astas e impulsar una reforma electoral sustantiva que propenda a mayor gobernabilidad y estabilidad para el país. Ese será el principal antídoto contra la grave enfermedad de nuestro sistema político.