Espacio Libre

Julio Isamit en Espacio Libre: Esta es la verdadera paz social

Julio Isamit en Espacio Libre: Esta es la verdadera paz social
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Esta tarde se estrena en Agricultura TV un nuevo episodio de “Espacio Libre”, instancia donde expertos abordarán los temas más importantes de la contingencia a través de videocolumnas.

En este espacio, los destacados profesionales analizarán en profundidad distintos aspectos de la política y actualidad nacional e internacional, entregando perspectivas nuevas sobre los hitos que marcan el día a día.

Las columnas se estrenarán todos los lunes, miércoles y viernes a las 20:00 horas a través del canal de YouTube de Agricultura TV.

En esta edición del Espacio Libre, Julio Isamit, director de desarrollo de Res Publica, analiza la visión de la izquierda sobre el poder y la gobernabilidad en Chile.

El desafío de la centro derecha: Enfrentar la violencia y restaurar la paz social

Nuestros derechos como ciudadanos están garantizados por la Constitución y las leyes. La paz social en un estado de derecho la aseguran las instituciones, las autoridades y la fuerza pública, no un partido político, no un candidato en particular, ni mucho menos la calle o las fantasías de la extinta primera línea. En los últimos días ha resurgido con fuerza el debate sobre la paz social, candidaturas que prometen garantizarla mejor que otras y que acusan a sus rivales de ser un riesgo para la tranquilidad de nuestras ciudades.

Pero el punto de fondo no es ese, la verdadera pregunta es otra. ¿Vivimos o no en una democracia? ¿Respetamos o no el estado de derecho? Y aquí la izquierda chilena tiene una larga deuda, porque en momentos decisivos una y otra vez ha demostrado su falta de compromiso con la legalidad, con el orden y con la democracia. Lo vimos en octubre de 2019, cuando la ex candidata presidencial del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, habló de un supuesto centro de tortura en la estación Baquedano, una acusación gravísima, pero sin pruebas ni fundamentos.

Lo vimos también durante la convención constitucional, cuando el profesor Jaime Bassa, entonces vicepresidente, se atribuía la facultad de dar órdenes directas a carabineros y de liberar a manifestantes detenidos, un gesto que mostró hasta qué puntos algunos pretendían usar el poder, no para construir, sino para torcer la institucionalidad. Lo vimos en el Congreso Nacional, con una seguidilla de acusaciones constitucionales sin sustento contra el presidente de la república y sus ministros, un uso y abuso de un mecanismo que debería ser excepcional, transformado en arma política sólo para desestabilizar. Y lo vimos también cuando parlamentarios de izquierda amenazaron con incendiar Santiago si no se aprobaban los retiros previsionales.

¿Qué nos dice todo esto? Que para la izquierda sólo ella puede gobernar legítimamente Chile, que cuando la derecha gana todo vale, la violencia, el chantaje, el quiebre de la ley. A esta altura esto ya es un dato de la causa. Peor aún es cuando la centro derecha se suma al coro de la supuesta estabilidad política y pretende convertirle en un elemento respaldo electoral.

Ingenuas, torpes o interesadas son las declaraciones de algunos líderes que creen que a la centro derecha la dejarían gobernar más que a un gobierno republicano, olvidando lo inmisericordia que fueron con el presidente Piñera y su coalición. No una, sino dos veces. A la izquierda chilena le da lo mismo si gobierna alguien de derecha, centro derecha e incluso de centro.

Para ellos todos son iguales y no tienen derecho a ganar una elección. Frente a esta realidad la oposición debe tener claridad. Necesitaba un gobierno firme, empoderado, que enfrente cualquier intento de desestabilización con un principio claro y sencillo.

Con la ley, sólo con la ley, pero con toda la ley. Ahora bien, mientras la élite política se enreda en estas discusiones, la ciudadanía entiende la paz social de una manera muy distinta. Para la gente común este no es un debate ideológico.

La paz social es algo del día a día. Es poder volver a casa sano y salvo después del trabajo. Es que el metro funcione y no vuelva a ser incendiado.

Es no tener que bajarse el auto en plena calle para que un grupo violento lo deje pasar. La izquierda no sólo intentó derrocar a un gobierno, también empeoró la vida de millones de chilenos que sólo querían tranquilidad. Y lo sigue haciendo porque la paz social se quiebra cuando un colegio debe cerrar por un narco funeral, cuando una micro es quemada, cuando se lanzan bombas molotov o cuando un profesor es rociado con benzina por estudiantes encapuchados.

Ese es el drama que la gente vive en carne propia. El miedo, la inseguridad, la incertidumbre. Por eso, más que especular sobre quién gobernará en el futuro, lo que la centro derecha debe responder hoy es claro.

¿Cómo va a enfrentar a la izquierda? ¿Cómo va a construir un consenso social firme, transversal, contra la violencia y las prácticas antidemocráticas? Ese es el desafío real y también el desafío de devolverle a los chilenos la paz social que tanto merecen.

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