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María Paz Arzola: Educación ¿El fin de la lotería?

María Paz Arzola: Educación ¿El fin de la lotería?
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Esta tarde se estrena en Agricultura TV un nuevo episodio de “Espacio Libre”, instancia donde expertos abordarán los temas más importantes de la contingencia a través de videocolumnas.

En este espacio, los destacados profesionales analizarán en profundidad distintos aspectos de la política y actualidad nacional e internacional, entregando perspectivas nuevas sobre los hitos que marcan el día a día.

Las columnas se estrenarán todos los lunes, miércoles y viernes a las 20:00 horas a través del canal de YouTube de Agricultura TV.

En esta edición del podcast, María Paz Arzola, economista de Libertad y Desarrollo, analiza críticamente el Sistema de Admisión Escolar (SAE), que este 2025 sigue operando como una lotería educativa para miles de familias chilenas.

María Paz Arzola “El azar sigue dominando la admisión escolar”

Esta semana comenzó el período de postulación a colegios públicos y particulares subvencionados a través del sistema de admisión escolar centralizado, el SAE, en el que se espera que participen entre 400 y 500 mil familias del país. Y unos días antes de eso, el gobierno había dado a conocer la fórmula con la que reemplazará el componente aleatorio de este sistema para este año, la aplicación del cual había sido suspendida luego de un acuerdo con legisladores de oposición en noviembre pasado. El objetivo o el espíritu de esta suspensión fue posibilitar una discusión que había sido largamente postergada, que la izquierda hasta ahora se había resistido a dar, sobre los cambios que necesita este sistema, que en casi 10 años de existencia no ha logrado cumplir con su promesa de eliminar las agregaciones socioeconómicas del sistema educativo, y que en cambio ha traído numerosas dificultades tanto a los colegios como a las familias, además de mostrar importantes debilidades.

Una de las más evidentes es lo limitado de los criterios a partir de los cuales se asignan los cupos en colegios con sobredemanda, es decir, en los cuales las solicitudes superan a las vacantes. Que el mecanismo que dentro del SAE prime para desempatar entre dos postulantes sea el azar, no le hace sentido a la ciudadanía, especialmente desde séptimo básico hacia arriba. En estos niveles, para que usted se haga una idea, seis de cada diez postulantes eligen en primera preferencia precisamente colegios en los que las solicitudes sobrepasan a las plazas disponibles, y como en estos más del 95 por ciento de los postulantes no satisface ninguno de los criterios de prioridad que establece la ley, entonces su asignación al final queda en manos del azar.

A estas alturas es indudable que los alumnos de buen desempeño debieran tener alguna prioridad a la hora de poder acceder al colegio de su elección, pero eso, que es una cuestión de toda justicia, hoy día no ocurre. Y eso fue precisamente lo que los legisladores de oposición quisieron cambiar. Pese a ello, el gobierno optó por hacer una modificación más bien cosmética, que la práctica mantiene las deficiencias del sistema actual.

Su propuesta consiste en ordenar a los postulantes a partir de un número que ya no se genera aleatoriamente, sino que ahora se va a calcular a partir del root del estudiante y del número identificador del colegio al cual éste postula. Esto significa que sólo se va a alterar la base para realizar el desempate entre postulantes, pero que la lógica detrás de esto permanece intacta. Lo que define el resultado de la postulación seguirá siendo un factor ajeno y desconectado de criterios como el mérito, el desempeño, la afinidad con un determinado proyecto educativo, las necesidades o cualquier circunstancia que requiera de alguna consideración especial.

Si hasta ahora la suerte en la admisión se revelaba en el sorteo dentro del mismo SAE, pudiendo cambiar cada vez que se corría el algoritmo, ahora ésta se va a determinar por el root del estudiante, que vendrá a ser algo así como su número de cartón que definirá quién se adjudica el cupo en el colegio. Si bien con esto, en términos formales, el gobierno cumple con el compromiso que adquirió con los legisladores de oposición en cuanto a suspender el componente aleatorio del SAE, en la práctica es claro que no está satisfaciendo el espíritu detrás de éste. Por ello, no sólo defrauda las expectativas de las familias que esperan por transformaciones reales, sino que además le hace un flaco favor al sistema que pretende preservar, porque está exponiendo sus debilidades y con ello está profundizando su falta de legitimidad.

Pero no sólo eso, al apostar por una respuesta superficial que le permite apenas salir del paso, el gobierno está poniendo en duda su verdadera voluntad para atender las deficiencias estructurales que tiene el SAE y que ya han sido documentadas en este tiempo. Este 2025, el sistema de admisión escolar seguirá siendo una lotería. Esperemos que para el próximo año esto cambie, al menos en parte, mediante el proyecto de ley que se tramita en el Senado y que introduce mejoras, aunque acotadas, al SAE.

Esta iniciativa avanza en la dirección correcta, porque repone la selección académica, aunque parcialmente y sólo en los liceos que la autoridad defina como de alta exigencia, y además ofrece algunos criterios de prioridad adicionales para asignar las vacantes, los que podrán ser escogidos por los colegios que así lo decidan. Con todo, ésta no resuelve el centralismo, la rigidez y, ¿por qué no decirlo?, la ceguera que ha caracterizado al SAE en este tiempo. Por lo visto, va a tener que ser un próximo gobierno el que asuma la responsabilidad de implementar los cambios que se necesitan.

Y mientras tanto, las familias van a tener que seguir esperando, impotentes, mientras el futuro educacional de sus hijos seguirá dependiendo de una lotería.

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