Durante años, el accidente cerebrovascular (ACV) fue considerado una enfermedad propia de la vejez, percepción que hoy está cambiando. Aunque el riesgo aumenta con la edad, cada vez más personas en edad laboral enfrentan una emergencia médica que, en pocos minutos, puede poner en riesgo su vida o dejar secuelas permanentes.
Un análisis del Estudio sobre la Carga Mundial de Enfermedades, publicado en 2024 en la revista científica The Lancet Neurology, reveló que más del 60% de los nuevos accidentes cerebrovasculares ocurren en personas menores de 70 años y cerca del 16% afecta a menores de 50. Los investigadores atribuyen esta tendencia, en gran medida, al aumento de factores de riesgo modificables como la hipertensión arterial, la diabetes, el sobrepeso y la obesidad, el tabaquismo y el sedentarismo.
El mismo análisis advierte que el accidente cerebrovascular continúa siendo una de las principales causas de muerte y discapacidad en el mundo, y que su impacto seguirá aumentando en las próximas décadas si no se fortalecen las estrategias de prevención y el control oportuno de los factores de riesgo cardiovasculares.
“Cuando un ACV ocurre en una persona en edad laboral, sus consecuencias pueden extenderse más allá del episodio agudo, afectando funciones como el movimiento, el lenguaje, la memoria o la concentración, y dificultando el regreso al trabajo y la vida cotidiana. Por eso, prevenir también es una forma de proteger la autonomía y la participación activa de las personas en la sociedad”, explica el doctor José Antonio Escobar, Coordinador de Urgencias de Tarapacá Interclínica.
Panorama en Chile
Según información de Interclínica, grupo que cuenta con siete centros de salud en cinco regiones del país, los ingresos por accidente cerebrovascular aumentaron un 43% durante el primer semestre de 2026, en comparación con igual período del año anterior.
Las cifras mostraron un incremento especialmente significativo en Arica (San José Interclínica), cuyos ingresos por accidente cerebrovascular crecieron muy por sobre lo observado en el resto de la red durante el período. Le siguieron Quilpué (Los Carrera Interclínica), con un aumento de 73%, y Santiago (Cordillera Interclínica), con un 44%. En tanto, Iquique (Tarapacá Interclínica) registró una variación de 2%, mientras que La Calera (Los Leones Interclínica) presentó una disminución de 56%.
Para el doctor Escobar, este cambio de perfil responde, en gran medida, a la acumulación de factores de riesgo que aparecen cada vez a edades más tempranas y que, muchas veces, permanecen sin diagnóstico.
“El accidente cerebrovascular no aparece de un día para otro. Generalmente es consecuencia de factores de riesgo que se acumulan durante años y que muchas veces pasan inadvertidos porque no producen síntomas. Cuando el paciente llega al servicio de urgencia, el daño ya es evidente. Por eso es tan importante no esperar a sentirse enfermo para controlar la presión arterial, el colesterol o la glicemia; la prevención empieza mucho antes de la emergencia”, explica.
Factores que pasan inadvertidos
La hipertensión arterial continúa siendo el principal factor de riesgo para sufrir un ACV, seguida por la diabetes, la fibrilación auricular, el colesterol elevado, el sobrepeso, el sedentarismo, el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol. El problema es que muchas de estas condiciones evolucionan de forma silenciosa, por lo que un número importante de personas desconoce que las padece.
La Organización Mundial del Accidente Cerebrovascular (WSO, por su sigla en inglés) señaló en 2024 que hasta el 90% de los accidentes cerebrovasculares podrían prevenirse mediante un adecuado control de factores de riesgo modificables, entre ellos la hipertensión arterial, la diabetes, la obesidad, el tabaquismo y el sedentarismo.
“El accidente cerebrovascular no solo puede poner en riesgo la vida de una persona, también puede afectar su independencia, capacidad laboral y calidad de vida. Por eso, controlar oportunamente los factores de riesgo es fundamental: una parte importante de la carga que genera esta enfermedad puede evitarse actuando antes de que ocurra la emergencia”, señala el Coordinador de Urgencias.
Una carrera contra el tiempo
El accidente cerebrovascular ocurre cuando se interrumpe el flujo sanguíneo hacia el cerebro, ya sea por la obstrucción o ruptura de un vaso. Desde ese momento, cada minuto es determinante, ya que la falta de oxígeno comienza a generar daño cerebral.
“En un ACV, reconocer los síntomas y consultar de inmediato puede cambiar completamente el pronóstico. No hay que esperar a que las molestias desaparezcan, porque el tiempo que se pierde puede traducirse en mayores secuelas”, explica el especialista.
Las principales señales de alerta son la pérdida repentina de fuerza o sensibilidad en un lado del cuerpo, la desviación de la boca, dificultad para hablar o comprender, alteraciones bruscas de la visión y problemas de equilibrio o coordinación.
Frente a la gravedad de esta emergencia, el ACV se encuentra dentro de las patologías cubiertas por la Ley de Urgencia, lo que permite acceder a atención inmediata sin requerir un pago previo y enfocada en la estabilización del paciente.