El verano trae calor, diversión y piscinas llenas, pero también aumenta el riesgo de asfixia por inmersión, un accidente que puede ser fatal.
Este tipo de emergencia ocurre cuando una persona queda bajo el agua sin poder respirar. Actuar rápido puede salvar una vida.
Lo primero es sacar a la persona del agua de forma segura y comprobar si respira. Si no lo hace, inicia reanimación cardiopulmonar (RCP) de inmediato.
Llama al 131 (Samu) y sigue las instrucciones. Incluso si tose o vomita agua, debe ser vista por un médico por posibles complicaciones.
La prevención es clave: nunca dejes a niños sin supervisión y asegúrate de contar con cercos de seguridad en piscinas.
Con información y reacción rápida, se puede evitar que un momento de ocio termine en una tragedia evitable.