¿Cansancio persistente, irritabilidad, dificultades para dormir o problemas para concentrarse? Muchas mujeres atribuyen estas señales al estrés cotidiano, sin considerar que también podrían relacionarse con los cambios hormonales de la perimenopausia y la menopausia.
Ximena Egas, matrona y académica de Obstetricia UNAB, sede Concepción, explica cuáles son las principales señales que suelen confundirse y por qué resulta importante buscar orientación profesional.
“La menopausia es un evento biológico natural que marca el cese definitivo de la menstruación, diagnosticado retrospectivamente tras 12 meses consecutivos sin periodos”, explica la especialista.
Según Egas, este proceso ocurre en promedio entre los 48 y 51 años, aunque la transición conocida como climaterio o perimenopausia suele comenzar varios años antes, habitualmente entre los 40 y 45 años.
Perimenopausia y menopausia: ¿cuál es la diferencia?
Aunque ambos conceptos suelen utilizarse como sinónimos, corresponden a procesos clínicamente distintos. La perimenopausia es el periodo de transición previo al cese definitivo de la menstruación.
Durante esta etapa pueden presentarse fluctuaciones hormonales y ciclos menstruales irregulares. En cambio, la menopausia corresponde al momento en que se cumplen 12 meses consecutivos sin menstruación.
La especialista advierte que algunos síntomas pueden atribuirse erróneamente al estrés, la ansiedad o el agotamiento. Entre ellos están la fatiga persistente, los trastornos del sueño, la irritabilidad, la ansiedad y las dificultades para concentrarse.
“Como documenta la literatura científica actual, en esta etapa se produce una disminución temprana de la progesterona debido a ciclos anovulatorios”, detalla Egas.
Según explica, la disminución de esta hormona puede generar cambios relacionados con el sistema nervioso, provocando sensaciones que pueden confundirse con estados de estrés.
Señales que pueden aparecer durante la transición
Los problemas para dormir también pueden relacionarse con los cambios hormonales propios de esta etapa. Egas señala que la pérdida de la acción inductora del sueño profundo de la progesterona puede influir en este síntoma.
Si estas manifestaciones aparecen progresivamente en mujeres mayores de 40 años y coinciden con cambios en la duración de los ciclos menstruales, la especialista recomienda considerar una posible relación con la transición hormonal.
El equilibrio hormonal también participa en la regulación de neurotransmisores como la serotonina, la dopamina y el GABA. Por ello, sus fluctuaciones pueden influir en el estado de ánimo y la tolerancia a la frustración.
A esto puede sumarse el agotamiento físico asociado a un sueño poco reparador, explica la académica de la UNAB.
Los cambios hormonales también pueden afectar la memoria y la concentración. Entre las manifestaciones descritas aparecen olvidos cotidianos, dificultades para encontrar palabras y una mayor vulnerabilidad a síntomas de ansiedad o depresión.
Además de los conocidos sofocos, existen otros síntomas menos visibilizados, como sequedad, dolor articular, cambios en la elasticidad de la piel y mucosas, disminución de la libido, fragilidad capilar y palpitaciones leves.
También puede producirse una redistribución de la grasa corporal hacia la zona abdominal, según detalla la especialista.
La evaluación clínica debe considerar la edad, los cambios en el patrón menstrual, la presencia de síntomas vasomotores, somáticos y psicológicos, además del descarte de otras condiciones que puedan producir manifestaciones similares.
La importancia de buscar orientación profesional
Ximena Egas enfatiza que las mujeres necesitan acompañamiento durante esta etapa y que no deberían asumir que todos los cambios corresponden únicamente al estrés.
“A las mujeres que sienten que ya no se reconocen a sí mismas y creen que todo se debe al estrés, les diría que no están solas, que no están imaginando cosas y que su experiencia es completamente real y válida”, sostiene.
La especialista agrega que comprender la existencia de una base biológica detrás de estos cambios puede resultar relevante para abordar esta etapa.
Actualmente existen alternativas para aliviar algunos síntomas, incluida la terapia hormonal, que debe evaluarse e indicarse por profesionales de la salud según cada caso.
Además, Egas recomienda aprovechar esta etapa para revisar los hábitos cotidianos, priorizando una alimentación saludable y la actividad física regular.
En particular, destaca la importancia del ejercicio de fuerza como parte de un estilo de vida saludable durante la transición.
La académica plantea que la perimenopausia puede convertirse en una oportunidad para reorganizar prioridades y enfrentar este periodo con información, autocompasión y acompañamiento profesional adecuado.