El descanso es clave para que los estudiantes mantengan la concentración, el ánimo y un buen rendimiento académico. Sin embargo, las pantallas, el estrés y las tareas pueden afectar sus hábitos de sueño.
Dormir entre 8 y 10 horas diarias mejora la memoria, la energía y la motivación. Para lograrlo, es recomendable fijar horarios regulares para dormir y despertar, incluso en fines de semana, y crear un ambiente oscuro, tranquilo y con temperatura agradable.
Evitar pantallas 30 minutos antes de acostarse, reducir cafeína y comidas pesadas en la noche, e incorporar rutinas relajantes como leer o meditar, favorece un sueño reparador.
Dormir bien no es un lujo: es una herramienta esencial para aprender mejor y cuidar la salud física y mental de los estudiantes.