El hígado es uno de los órganos más importantes del cuerpo humano. Participa en funciones esenciales como el metabolismo de los nutrientes, la eliminación de sustancias tóxicas y el almacenamiento de energía. Sin embargo, cuando comienza a acumular grasa en exceso, puede desarrollarse el llamado hígado graso, una enfermedad que no suele dar señales evidentes y afecta a millones de personas en todo el mundo.
“Es una condición que muchas veces no presenta síntomas, pero que puede derivar en complicaciones importantes si no se trata a tiempo. La buena noticia es que la alimentación y los hábitos saludables pueden marcar una diferencia significativa”, explicó Javier Maruri, coordinador académico de la carrera de Medicina de la Universidad Andrés Bello, sede Concepción.
Cómo detectarla
El hígado graso ocurre cuando más del 5% del peso del hígado corresponde a grasa. Aunque durante años fue considerado un problema de menor relevancia, hoy se sabe que puede evolucionar hacia cuadros más complejos, como inflamación hepática, fibrosis, cirrosis e incluso aumentar el riesgo de cáncer hepático en algunos pacientes.
“Se trata de una enfermedad silenciosa. Muchas personas no presentan molestias y el diagnóstico suele realizarse durante una ecografía o mediante exámenes de sangre que muestran alteraciones en las enzimas hepáticas. Por ello, quienes presentan factores de riesgo como obesidad, diabetes tipo 2, colesterol o triglicéridos elevados, hipertensión arterial o resistencia a la insulina deberían mantener controles médicos periódicos”, explicó el nutricionista.
El especialista agregó que el hígado graso asociado a alteraciones metabólicas puede mejorar considerablemente con modificaciones en el estilo de vida. Incluso una reducción moderada del peso corporal, entre un 5% y un 10%, puede disminuir la cantidad de grasa acumulada en el hígado y favorecer su recuperación.
Mejorar la alimentación
Más que seguir una dieta estricta o tendencias alimentarias de moda, el académico recomienda adoptar un patrón de alimentación saludable y sostenible a largo plazo.
“Entre los alimentos que conviene priorizar se encuentran las verduras y frutas de distintos colores, las legumbres, los cereales integrales, los pescados, las carnes magras, los huevos, los lácteos bajos en grasa y las fuentes de grasas saludables, como el aceite de oliva, la palta y los frutos secos en porciones adecuadas. Estos alimentos aportan fibra, vitaminas, minerales y grasas de buena calidad, favoreciendo un mejor control del peso y de la salud metabólica”, detalló.
Por el contrario, recomendó disminuir el consumo de bebidas azucaradas, jugos, dulces, pasteles, productos ultraprocesados, comida rápida y alimentos ricos en grasas trans, ya que favorecen el exceso de calorías y la acumulación de grasa en el hígado, especialmente cuando forman parte habitual de la alimentación.
¿Y el alcohol?
Muchas personas asocian el daño hepático únicamente al consumo excesivo de alcohol. Sin embargo, incluso cantidades pequeñas pueden dificultar la recuperación de un hígado ya afectado, advirtió Maruri. “Por ello, quienes han sido diagnosticados con hígado graso deben evitar completamente las bebidas alcohólicas durante el tratamiento”, señaló.
Asimismo, recordó que la práctica regular de actividad física, el descanso adecuado y el manejo de enfermedades como la diabetes o la hipertensión son igualmente importantes para proteger la salud hepática.
“Realizar al menos 150 minutos de actividad física moderada a la semana, reducir el tiempo sedentario y mantener un peso saludable son medidas fundamentales para disminuir la progresión de la enfermedad”, precisó.
El especialista también aconsejó reemplazar las bebidas azucaradas por agua o infusiones sin azúcar, incorporar verduras y frutas en las comidas principales y dedicar al menos 30 minutos diarios a caminar o realizar actividad física, cinco veces por semana.
Mitos en torno al hígado graso
Uno de los errores más frecuentes es pensar que solo las personas con obesidad pueden desarrollar hígado graso. “Si bien el exceso de peso aumenta significativamente el riesgo, esta enfermedad también puede presentarse en personas con peso normal que tienen alteraciones metabólicas o antecedentes familiares”, explicó.
Otro mito habitual es creer que basta con consumir suplementos o productos denominados “desintoxicantes” para revertir el daño hepático. Sin embargo, actualmente no existe evidencia científica sólida que respalde estos productos como tratamiento efectivo para el hígado graso.
“La estrategia más eficaz sigue siendo mejorar la alimentación, aumentar la actividad física y controlar los factores de riesgo bajo supervisión profesional”, enfatizó.
Finalmente, el académico destacó que el hígado posee una notable capacidad de recuperación cuando se eliminan los factores que lo dañan. “Detectar la enfermedad de manera oportuna y adoptar hábitos saludables no solo protege este órgano, sino que también ayuda a reducir el riesgo de diabetes, enfermedades cardiovasculares y otras complicaciones asociadas al síndrome metabólico”, concluyó.