El regreso a clases marca el fin del descanso y obliga a retomar la rutina escolar tras semanas de vacaciones de verano.
Después de días sin horarios fijos, muchos niños sienten ansiedad o desgano frente al regreso a clases, por lo que conviene iniciar una adaptación gradual.
Ajustar el horario de sueño resulta clave: adelantar la hora de dormir entre 15 y 30 minutos diarios facilita una transición más amable.
También ayuda retomar horarios de comida y pequeñas responsabilidades como ordenar la pieza o preparar la mochila, reforzando hábitos saludables.
Hablar en positivo del inicio del año escolar y destacar el reencuentro con amigos disminuye temores y fortalece la confianza infantil.
Escuchar sus emociones y mantener espacios de juego durante marzo equilibra la exigencia académica y convierte el regreso a clases en una experiencia positiva.